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Juliana Candil

Autora:  María de los Ángeles Chacón Eduarte

Belisario tomó la cruceta y empezó a repartir cinchazos en el aire, pues no había nada delante de él  más que la oscuridad de la noche; la supuesta aparición era una hermosa mujer montada en un caballo negro azabache y lustroso.   La mujer soltaba unas risotadas de espanto, según exclamaba el hombre, en medio del terreno encharralado, a la entrada de su casa, cuando ya ni siquiera podía sostenerse debido a la embriaguez que se cargaba.

 ¡Juliana Candil!, gritaba Belisario una y otra vez.

Desde adentro se escuchaba a su mujer, Teresa, en medio de la congoja, rezando en voz alta y temblorosa, al escuchar aquel escándalo estruendoso:

“Señor San Silvestre del Monte Mayor, resguarda mi casa de todo alrededor, de brujas hechiceras, de brujas en cabresto y de un hombre traidor.  Ya toca la endona, la misa rezada, Jesucristo la reza, los ángeles la adoran, dichosa el alma que se acuesta a esta hora.  Si me acuesto, Jesucristo me reza, si me muero Jesucristo me vela, en la casa bendita de Jerusalén, donde velaron las doce mil candelas del Señor Jesucristo. ¡Amén!

Juliana Candil vivía en el Barrio de Quebrada Seca.  A la entrada de su casa de madera, colgaba un sapo disecado, de mal aspecto, sujeto a una cuerda transparente, con la intención de espantar a los curiosos, pues en el barrio se corría el rumor de que la pobre mujer era bruja.  El aire estaba impregnado de sahumerios: sándalo, palo dulce y salvia virgen,  acentuando el halo de misterio.

Era una mujer de buen ver, difícil de pasar inadvertida; llevaba el pelo negro rizado, tenía tez blanca y siempre olía a agua florida.   Por lo general vestía de negro o gris, de manera recatada, en señal de respeto por su difunto esposo.

Teresa le gritaba desde adentro a  Belisario, mientras quitaba una cafetera tiznada del anafre:

¡Belisario, nada de eso existe: ni los aparecidos, ni los entierros, ni las brujas! Pasá para adentro, que ya es muy tarde.  Agarrá juicio, por favor.

¡Qué ideas tan descarriadas, mujer!, ¡yo sé lo que digo! refunfuñaba Belisario entre dientes, con una borrachera de semanas encima, oliendo a puro chinchibí y hasta viendo espectros en el aire.

Belisario, tené cuidado con esa mujer, porque pesca la mirada de los hombres con puras mañas y encantos.

¡Qué me estás hablando mujer! Me voy a acostar para bajar esta tranca que me traigo.

Teresa lo miraba de reojo, con tristeza, pues no había comida, solo tortilla tiesa del fogón de anafre para acompañar con café tibio.

Lo único que recordaba Belisario era ver a Juliana, muy hermosa, atravesando la esquina, en silencio y sin cruzarle una sola mirada. Para ella, él no era más que un hombre atrevido convencido de que ella era una bruja temible.

No me molestés Teresa, que estoy cansado y preocupado, con la huerta de don Manuel voy atrasado y ya ve cómo me tiene, que la quiere lista para el día de San Isidro. Me metí primero con las piletas de doña Filomena, pero todavía no me ha pagado; dice que hasta que vuelva don Anselmo de San Carlos.

Lo dijo entre sollozos, como excusa por la borrachera para tranquilizar a su mujer. Se quitó las botas, cayó redondo en el camastro sumido en un sueño profundo.

Y así quedó Belisario, roncando como toro, soñando que Juliana lo miraba con ternura.  Con resignación, Teresa lo cubría con una manta ajada mientras pensaba:  En Quebrada Seca no hay brujas; las inventan las lenguas de estos hombres que por culpa del guaro de caña, terminan viendo visiones.

Era la belleza de Juliana la que tenía a más de uno dando vueltas por su casa, y la supuesta brujería no estaba en ella,  sino en los chismes del caserío y en las desdichas que deja el licor.  Al amanecer,  de nuevo  Teresa le servía tortillas secas y café entibiado, cansada pero aferrada a la idea de que las penurias no serían para siempre.

Reflexión de la autora:  Este relato de Juliana Candil evoca tiempos en los que el misticismo, la imaginación y las creencias populares animaban las reuniones familiares y cautivaban a niños y a jóvenes.  Por lo general, encerraban una enseñanza o advertencia.

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El Esqueleto y la Botija

En el año de 1925, en una finca de la Garita de Alajuela, por las noches se escuchaban ruidos de personas corriendo sobre hojas y ramas secas, acompañados de llantos y alaridos que se mezclaban con el viento. Entre los vecinos se contaba la historia de una botija flotante que emergía del piso de tierra y, al poco rato, se esfumaba, escondiéndose ante la mirada de quienes paseaban o visitaban la hermosa finca. La aparición ocurría en la vieja casa de bajareque, forrada con paredes de adobe, que aún se mantenía en pie dentro de aquella extensión, donde tiempo atrás habían encontrado sin vida al antiguo dueño.

Cuentan los vecinos que Domingo Céspedes vivía en la finca y que, a medianoche, era atormentado por ruidos y quejidos de alguien que lloraba. Domingo pensaba que seguro era el muerto que andaba en penas. Corina, la muchacha de servicio, ya le había comentado sobre la presencia de la botija y le contó que había intentado agarrarla varias veces. La gente decía que la botija hacía un ruido como si rodara, raspando el barro sobre la superficie del suelo.

Cierto día, en tiempo de zafra, Domingo salió a cortar caña de azúcar cuando escuchó los llantos de alguien que se acercaba cada vez más al cañaveral. Empapado en un sudor copioso y preso del miedo, salió con el puño de cañas sobre el hombro, corriendo a toda prisa hacia el trapiche que tenía en el patio de la casucha.

Pasaron los días, y después de varias apariciones de la botija rodando de forma estrepitosa por el suelo, Domingo decidió despedir temprano a Corina de sus labores, pues no quería testigos. Cuando empezaba a oscurecer, tomó una pala y comenzó a cavar en el piso de tierra, justo en el lugar donde había visto esfumarse la botija en repetidas ocasiones. Cavó y cavó, hasta que por fin, al llegar a lo profundo, encontró la botija: estaba repleta de joyas de oro y plata, billetes y monedas antiguas…

Para su sorpresa, de la tumba cavada se irguió un esqueleto que halaba la botija para que no se la llevara. En ese instante, de forma tétrica, el esqueleto exclamó:

No he podido descansar en paz, porque esta plata les pertenece a mis hijos y a nadie más. ¡Detente, Domingo Céspedes!

Así fue como Domingo sostuvo una dura lucha con el esqueleto. Entre las sombras se escuchaba cómo iba forcejeando con los huesos quebradizos del espectro fantasmal; la calavera rechinaba y desprendía una fuerza siniestra. Pero Domingo era un hombre fornido, y, tras una intensa lucha, logró escapar con la botija.

Desde lo lejos solo se oía una voz que gritaba ¡No te la lleves…! ¡No te la lleves…!

Entre dudas y miedos, perseguido por aquella voz de ultratumba, Domingo corría sin volver la vista atrás.

Cuentan los vecinos que Domingo Céspedes se hizo millonario, pero su mano izquierda se le secó, como si arrastrara la culpa de la botija que un día cargó. Después de aquel encuentro espectral, pasaron los meses y nunca más se volvió a saber de él en el pueblo de la Garita. La finca se perdió y pasó a manos del gobierno, pues nadie la reclamó.

Todavía dicen los lugareños que la finca está encantada y que, en las noches, se escuchan los alaridos de un alma que no encuentra paz ni descanso. Es el alma de Baudilio Colmenares, el antiguo dueño de la finca.

Cuentan que su esposa lo abandonó hace muchos años y se llevó a sus hijos, lo que más apreciaba Baudilio en este mundo. Nunca volvió a saber de ellos: fue como si la tierra misma se los hubiera tragado.

Baudilio era uno de los terratenientes más acaudalados del lugar, y había guardado todo su dinero en una botija, enterrándola en el suelo para sus hijos. Murió solo y triste, recordando a Rosita y a Aurelio, sus dos hijos, el más preciado tesoro de su corazón.

Pero aquel tesoro  guardado con tanta ilusión y afán fue arrebatado por Domingo, pues los hijos nunca regresaron. Un familiar de Baudilio vendió la propiedad a un precio muy bajo. Así fue como la finca pasó a manos de Domingo, quien, tras encontrar la botija, también se marchó lejos,  sin dejar rastro alguno.

Sin embargo, los vecinos del lugar aseguran que, en las noches, aún se ven luces destellantes sobre el terreno, y se escuchan alaridos de confusión y pena… el lamento de un alma que todavía no encuentra paz para sus restos.

Autora:  María de los Ángeles Chacón Eduarte

Género: Relato corto / narrativa costumbrista

Reflexión de la autora:

Esta leyenda me la contó mi madre hace muchos años, en una versión más breve, y quise honrar su memoria ampliándola, contextualizándola y dándole más detalle. Ella solía compartir conmigo muchas historias de su niñez, llenas de costumbres y creencias heredadas de nuestros abuelos.

En su infancia existía mucho misticismo y numerosas creencias acerca de los muertos y la vida en el más allá, de apariciones espectrales y de miedos infundados para que los hijos no llegaran tarde ni anduvieran callejeando durante la noche.

Biografía:

María de los Ángeles Chacón Eduarte es escritora de relatos cortos y autora de artículos de crítica social. Investigadora en genealogía e historia. Es máster en Administración con énfasis en Alta Gerencia y cuenta con amplia formación en administración, recursos humanos y gestión de proyectos. Trabajó más de veinte años para el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), así como en el Banco Popular y FUNDES Costa Rica. Actualmente cursa el Profesorado Técnico en la Universidad Técnica Nacional.

ORCID: 0009-0005-6079-4214

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Fusínganos y Truénganos

Allá por los años de 1936, sobre la calle empedrada y polvorienta de La Garita de Alajuela, camina “Fusínganos y Truénganos”. Le llaman así por la exclamación que hace sin aviso, a manera de súplica o de plegaria.   Es un alma de Dios que cada mañana, de forma puntual, visita la ermita del lugar, como si la quietud del altar le devolviera la serenidad y la calma.

Su forma de vestir es un poco desordenada; pantalón pica-pollos, camisa de manga larga arremangada y amarrada a la cintura, pecho al descubierto.  Camina descalzo por falta de zapatos, con un callo que le cubre la planta del pie como si tuviera una suela artificial. Lleva la mirada perdida y ausente, como si estuviese en otro mundo.

“Fusínganos y Truénganos…” Nadie conoce con certeza el origen de su condición. Su madre cree que fue por la falta de alimentación durante su niñez, a consecuencia de la pobreza que aún les aqueja, o quizás por algún susto o golpe. También pudo ser heredado de un pariente lejano. Pero el origen real de su condición … sigue siendo un misterio.

Cuando no está en la iglesia, se queda en la casa de su madre, escondido detrás de la puerta, comiendo melcocha y espiando por la rendija, como si esperara a algún pariente o visitante. Su madre lo observa con cariño, preocupada por la inocencia, humildad y sencillez de su alma. Todos en el caserío lo quieren y  ya lo reconocen como un personaje del barrio, lo respetan y valoran profundamente.

Vive fascinado, en un mundo que nadie conoce. Pasa horas en la iglesia, donde también ya lo conocen el cura párroco y los feligreses como un fiel devoto de la vida litúrgica. Ahí se le encuentra casi siempre, admirando las imágenes de los santos. Primero pasa por la estatua de Santa Ana de Nazaret y admira, pensativo, la cara bondadosa de la abuela del Nazareno. Luego va hasta la imagen de San Martín, e intenta quitarle la escoba de la mano. Cuando ya se cansa del forcejeo, se dirige al Niño de Praga. Asustado y reflexivo, hace mil reverencias para terminar frente a la pintura de la Dolorosa que cuelga sobre la pared de ladrillos, donde llora como un niño, conmovido al ver tanto sufrimiento en la escena de la Piedad: la Virgen con su hijo Jesús, muerto sobre el regazo.

Finalmente, después de recorrer y admirar cada una de las santas imágenes, se dirige al altar principal, donde está la hostia consagrada. Se queda ahí perplejo por un buen rato, con el olor a cera de las velas que impregna el ambiente y con su mirada fija en la imagen del Altísimo.

Cuando por fin, antes de irse de nuevo para su casa, se persigna, se desliza suavemente y mira a su alrededor, asegurándose de que no haya feligreses presentes. Toma el jarrón de rosas, saca cuidadosamente las flores y, de un solo sorbo, bebe el agua del recipiente. Luego vuelve a colocar las rosas en su sitio con gran esmero y cuidado, cae en cruz ante el altar y, con voz suave y firme, lanza la siguiente exclamación:

“¡Fusínganos y Truénganos, agua de Dios, misericordia Señor!”

Su voz se escucha con eco en el templo vacío, con una resonancia que parece llevarse su miedo y devolverle la calma… ¿Qué tipo de ritual será ese que realiza con tanta devoción?, en realidad nadie lo sabe, pero todos los que en algún momento lo han escuchado lo respetan, como si fuera su propia forma para acercase a lo divino. Él, por su parte, de verdad siente que es una verdadera veneración a lo celestial y sagrado.

Y, en realidad aunque nadie lo comprenda, él lo hace con inmenso fervor.   Una vez de vuelta en su casa, su madre lo recibe con regocijo en el alma, como si viniera de una larga confesión que redimiera a ambos…

Autora:  María de los Ángeles Chacón Eduarte

Género: Relato corto / narrativa costumbrista

Reflexión de la autora:

Mi interés principal a través de la figura de “Fusínganos y Truénganos”, fue plasmar con sensibilidad la inocencia, la fe y la pureza interior de un hombre con una discapacidad psicosocial y para ello traté de enmarcarlo dentro de un entorno costumbrista costarricense popular.

Lo anterior con el fin de hacer una mirada empática y respetuosa hacia las personas en condición de discapacidad psicosocial, reconociendo en ellos una forma de comprender la vida que suele pasar inadvertida. En conjunto, el relato invita a reflexionar sobre la inclusión, la compasión y la dignidad de los seres humanos, especialmente de quienes se encuentran en condición de discapacidad.

Este personaje en algún momento mi madre lo conoció durante su niñez, por lo cual decidí hacer un relato corto, recopilando las características de esta persona y haciendo esta historia llena de detalles de una forma corta y animada, como una forma de rescatar la memoria y tradición familiar.

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Artista Juan Carlos Chavarría Chorres

Pintor autodidacta, San José, Costa Rica, 1974.

Creador, Presidente y Director de Fundación Transformación en Tiempos Violentos.

Ha realizado diferentes colecciones de obras Artísticas, pinturas, esculturas y murales, usando más de una tonelada de trozos de armas de fuego destruidas, con el fin de lanzar un enorme mensaje de Paz, Desarme y Transformación.

Con la Fundación Transformación se han impartido cientos de talleres de pintura, fotografía, música, literatura, meditación, yoga, idiomas entre otros en centros penitenciarios, zonas vulnerables para chicos y jóvenes, así como centros educativos, educando para la Paz!

Creador y Director del Festival Internacional ART for CHANGE.

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Huellas talentosas

Herencia que danza en colores: el arte pictórico de Sarchí y el legado del colocho sarchiseño

Por: Luis Madrigal Aguilera
Pintor de carretas – Portador de la tradición
Mary Rodríguez Soto
Gestora internacional de turismo sostenible

En el corazón del Valle Central de Costa Rica, el cantón de Sarchí se ha consolidado como baluarte del arte popular costarricense y cuna de la artesanía nacional. Reconocido por su colorida y distintiva artesanía, especialmente en la fabricación de carretas típicas costarricenses, ha preservado una expresión artística singular que ha evolucionado a lo largo del tiempo sin perder su esencia: la pintura estilo Sarchí y su emblemático colocho sarchiseño.

Imagen de referencia.

El estilo de pintura tradicional sarchiseño nace
a principios del siglo XX, en una época en que la carreta se convirtió en el principal medio de transporte agrícola en Costa Rica. La influencia del ornamento europeo, especialmente en piezas de carácter religioso como vitrales, arte sacro, tallas y relieves de altares en templos, inspiró el nacimiento de un estilo que, con el paso del tiempo, fue evolucionando hasta convertirse en lo que conocemos hoy en día.
La pintura estilo Sarchí tuvo sus orígenes en la decoración de carretas pintadas a mano con pigmentos naturales. Se empleaban colores intensos como el rojo, azul, amarillo, verde y naranja, que daban vida a composiciones cromáticas enriquecidas con figuras geométricas, motivos florales y elementos vegetales. Más allá de su función utilitaria, los artesanos locales comenzaron a embellecer las carretas con diseños únicos, transformándolas
en verdaderos lienzos móviles que reflejaban identidad, simbolismo y orgullo campesino.
El ornamento por excelencia de esta expresión artística es el inconfundible colocho sarchiseño. Esta figura espiral o circular danza con gracia y energía, simbolizando movimiento, vida y fertilidad. Su trazo curvo, a menudo repetitivo y envolvente,
no solo embellece la pieza decorada, sino que también evoca una profunda conexión con la tierra, la espiritualidad y la fe campesina. En su esencia, se plasman los tres pilares que dieron origen al boyeo y la carreta, y que están profundamente arraigados en la identidad costarricense: la fe, la familia y el trabajo.
Cada colocho es único, ya que su forma y dirección están determinadas por el trazo natural y la intuición del artesano. El colocho sarchiseño tiene un origen orgánico, inspirado en la exuberante flora tropical costarricense: tallos, hojas, flores, pistilos, semillas, helechos y otros elementos naturales dialogan en un constante juego entre tradición y creatividad. Destaca el uso de colores con contrastes marcados entre tonos fríos y cálidos, que danzan en armonía y evocan la alegría, la calidez y el carácter dicharachero del tico. Estos elementos se han convertido en un emblema visual de Sarchí, presente tanto en las carretas como en una amplia variedad de creaciones artesanales que llevan el inconfundible sello sarchiseño.
Con el paso del tiempo, el arte pictórico sarchiseño ha experimentado importantes transformaciones. En la segunda mitad del siglo XX, la llegada del turismo y el reconocimiento de la carreta costarricense —declarada Símbolo Nacional del Trabajo mediante decreto en 1988, y posteriormente Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2005— marcaron un hito en su valorización. A esto se suma la más reciente Ley de la República, que declara la pintura estilo Sarchí y el colocho típico como patrimonio cultural inmaterial costarricense. Nuevas generaciones de pintores y pintoras han heredado las técnicas tradicionales, incorporando al mismo tiempo herramientas modernas sin renunciar a la identidad estética que caracteriza esta expresión. Algunos artistas exploran fusiones con estilos contemporáneos e incluso técnicas digitales, manteniendo siempre el colocho como un sello indeleble de autenticidad.
Hoy, la pintura estilo Sarchí se expande más allá de la carreta: se aplica en murales comunitarios, souvenirs, señalética turística, proyectos educativos y plataformas digitales. El arte se convierte en lenguaje cotidiano y vehículo de identidad local, siendo el colocho la gráfica costarricense más reconocida nacional e internacionalmente.
Gracias a este arte de esencia artesana, tanto visitantes como residentes pueden participar activamente en esta tradición. Los recorridos por los talleres y las actividades con familias artesanas permiten experimentar de forma vivencial el color y la danza del pincel en cada trazo, guiados por las manos expertas de los artistas del pincel. Así, el maestro artesano —portador de la tradición— transmite a nuestro tiempo el arte legado por sus antepasados, de esta manera, el arte del pasado cobra vida en el presente y se preserva para el futuro.

Más que una técnica decorativa, la pintura estilo Sarchí es una forma de mirar
el mundo desde la alegría, la armonía, la familia, el trabajo, el legado y la comunidad, en profunda conexión con las raíces auténticamente criollas. Es un legado que no se detiene: gira, evoluciona y vuelve a empezar… como el mismo colocho sarchiseño.
La relevancia de la pintura estilo Sarchí trasciende las fronteras nacionales. Su riqueza estética y valor simbólico han sido reconocidos a nivel internacional, consolidando a Sarchí como un referente mundial del arte popular autóctono. La proclamación de la carreta costarricense como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2005 representa un hito que honra esta tradición y a sus portadores, elevando su estatus como legado cultural universal y comprometiéndonos con su preservación.
Esta distinción no solo reafirma la importancia de preservar y difundir esta manifestación artística, sino que también promueve el reconocimiento de las comunidades artesanas como guardianas de un saber de antaño que ha sido transmitido de generación en generación. La pintura estilo Sarchí y el colocho sarchiseño son herencias vivas que reflejan la identidad y el orgullo costarricense, y constituyen un puente entre el pasado, el presente y el futuro de nuestra cultura nacional.
El legado recibido no es únicamente una técnica ni una estética visual; es un compromiso con la historia, el trabajo comunitario y la creación con sentido.
Hoy más que nunca, conservar y revitalizar esta tradición representa un acto de resistencia cultural y una celebración de nuestras raíces.
Sarchí es un pueblo de legado y tradición, donde cada pincelada cuenta una historia y cada color refleja el alma de su gente. En sus calles, talleres y hogares, se respira el orgullo de generaciones que han sabido conservar y renovar una herencia que trasciende el tiempo.

Aquí, la artesanía no es solo oficio, sino identidad; no es solo arte, sino forma de vida. Sarchí no solo preserva sus raíces: las transforma en experiencias vivas que inspiran a quienes lo visitan y enorgullecen a quienes lo habitan.

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Suite Guitarra Social: Música para despertar conciencia y sembrar esperanza

Por: Natalia Esquivel Benítez

En un contexto global que exige respuestas sensibles y creativas ante los retos sociales y ambientales, la compositora costarricense Natalia Esquivel Benítez ofrece una obra de profunda resonancia ética y estética: Suite Guitarra Social. Esta suite, concebida para guitarra solista, se erige como una propuesta musical que entrelaza la poética sonora con el compromiso social, la pedagogía y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Compuesta para diecisiete movimientos, la obra viaja por paisajes sonoros que evocan la belleza natural, la memoria de los pueblos y el compromiso que asume para las generaciones futuras desde lo social y lo ecológico. Desde el lirismo esperanzado hasta la contundente protesta contenida en sus rasgueos, cada pieza parece invitar a la reflexión, al diálogo interior y al compromiso con la vida en todas sus formas. La suite no solo apela a la sensibilidad artística, sino también al pensamiento crítico, a través de una estética que se nutre del impresionismo, las músicas tradicionales latinoamericanas y una mirada contemporánea de la guitarra como instrumento de cambio.

El enfoque compositivo revela una búsqueda de sencillez expresiva sin renunciar a la profundidad. Hay momentos de contemplación serena, donde los arpegios fluyen como ríos transparentes, y otros de fuerza telúrica, que conecta con la tierra y la ancestralidad. La guitarra se convierte aquí en un medio para contar historias, elevar voces y sembrar conciencia.

En su interpretación —que puede disfrutarse a través del álbum disponible en plataformas digitales— la misma compositora ejecuta con sobriedad y emoción cada fragmento, subrayando el carácter narrativo y espiritual de la obra. La grabación no solo documenta una propuesta artística, sino que la convierte en una experiencia sensible y accesible para diversos públicos.

Como educadora, artista y promotora cultural, Esquivel ha integrado esta suite en procesos formativos y proyectos de transformación social, como se destaca en sus presentaciones en  la Universidad Técnica Nacional (UTN) y en medios culturales y educativos. Suite Guitarra Social no es solo un conjunto de piezas para concierto; es una herramienta de diálogo, una invitación a construir comunidad desde la música y un ejemplo de cómo el arte puede tener un propósito pedagógico y transformador cumpliendo su papel en el área humanística.

En tiempos que claman por una nueva ética del cuidado y la cooperación, esta obra se presenta como un faro creativo que ilumina el cruce entre arte, ecopedagogía y ciudadanía global. Le invitamos a escucharla, aprenderla y ejecutarla.

En el siguiente enlace tendrá acceso a las partituras https://revistas.utn.ac.cr/index.php/arje/article/view/767/1479

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Presentación de la Revista Académica Arjé 2025

La Revista Académica Arjé tiene el agrado de invitarles a la presentación oficial de los números 1 y 2 del volumen 8, que se llevará a cabo el miércoles 26 de noviembre de 2025, de 9 a.m. a 12 medio día, en el Auditorio de Administración Universitaria de la Universidad Técnica Nacional (UTN).

Este encuentro representa un espacio para compartir los logros editoriales del año y reconocer las valiosas contribuciones que, desde sus investigaciones, fortalecen el compromiso de nuestra revista con la ciencia abierta, la accesibilidad y la divulgación académica de calidad.

La actividad será transmitida en vivo a través del canal oficial de YouTube de la UTN, a partir de las 9:30 a.m., luego de un refrigerio.

Agradecemos confirmar su participación mediante este correo antes del 20 de noviembre.

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Clase disruptiva: configurando miradas y voces diversas sobre la convivencia en el planeta

Autora: Silvia Arrieta Castro

En el contexto actual de la educación universitaria, caracterizado por la transversalidad del conocimiento y desafíos globales que interpelan a todas las disciplinas, emerge la necesidad de repensar las formas del encuentro académico desde modalidades pedagógicas que irrumpa con lo cotidiano y promuevan experiencias de aprendizaje integrales, críticas y sostenibles.

En este marco, el Área de Formación Humanística de la Universidad Técnica Nacional, Sede Central ha venido integrando en su hacer la transversalización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible desde diversas estrategias, entre ellas, desarrolló un espacio de diálogo y transformación denominado Conversatorio Música y Letras en Convivencia por el Planeta como una clase compartida, disruptiva e integradora en la que confluyen las voces intergeneracionales e interdisciplinares de académicos y estudiantes de las áreas de ingeniería, administración y tecnología de la UTN.

Esta experiencia disruptiva se realizó en el Museo Histórico y Cultural Juan Santamaría, el 06 de octubre, bajo la modalidad pedagógica innovadora que integró el sentipensar propuesto por Fals Borda (2009) donde el razonamiento y las emociones están entrelazadas.

Elobjetivo de esta clase consistió en reconfigurar la dinámica convencional del aprendizaje promoviendo el pensamiento crítico y la reflexión-acción propios de la educación transformadora, mediante el espacio de diálogo entre diversos saberes intergeneracionales e interdisciplinarios.

La clase disruptiva convoca las voces, los pensamientos y los contenidos de las ciencias, el arte y la tecnología bajo el escenario compartido para vincular y articular el tema de la convivencia planetaria, alineados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y Carta de la Tierra.

Planear una clase disruptiva, articulada y compartida requiere que cada persona académica de su área prepare su participación sobre un tema específico, en este caso fue la convivencia en el planeta, es decir, que el diálogo se teje desde la historia, la filosofía, la literatura y la música.

Este tejido constructivo y dialógico retoma de forma integral los desafíos globales, partiendo de las miradas y voces interdisciplinarias e intergeneracionales. Se irrumpe de forma explícita e implícita los lugares que tradicionalmente se establecen en los espacios académicos, los lugares del supuesto saber se movilizan y se abre la expresión de los otros.

Este desafío educativo se alinea con la búsqueda de una educación transformadora, orientada al desarrollo de competencias éticas, sociales y ambientales en coherencia con los principios de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (ONU, 2015) y la formación humanística articulando los principios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el ODS 4 (Educación de calidad), el ODS 13 (Acción por el clima), el ODS 16 (Paz, justicia e instituciones sólidas) y el ODS 17 (Alianzas para lograr los objetivos).

La experiencia evidenció que el conocimiento cobra sentido cuando se vincula con la vida y el entorno, y cuando el aprendizaje se convierte en una práctica de libertad y de corresponsabilidad con el planeta.

Asimismo, la iniciativa reafirma el compromiso desde la academia universitaria con la educación sostenible y con la formación de profesionales capaces de integrar laética delcuidado en su quehacer (Noddings, 2013), fortaleciendo la empatía, la cooperación y la conciencia ecológica como pilares de una ciudadanía planetaria. En consonancia con la Carta de la Tierra (2000).

La actividad promueve un aprendizaje que reconoce la interdependencia de todas las formas de vida y la necesidad de cultivar valores que inspiran un desarrollo humano justo, pacífico y sostenible.

Por último se destaca que la clase disruptiva, concebida como un acto de encuentro y diálogo, demuestra que cuando las artes, las ciencias y la tecnología convergen en un mismo espacio desde el respeto y la sensibilidad, es posible construir una universidad que eduque para la vida, la convivencia y el futuro del planeta.

Desde esta perspectiva, la clase se constituyó en un ejercicio pedagógico de compromiso institucional, profesional y personal, orientado a fortalecer una conciencia crítica, ética y ambiental que trascienda los límites del aula y se proyecte hacia la construcción de una cultura universitaria comprometida con el bien común y el cuidado de la vida.

Referencias bibliográficas:

Carta de la Tierra. (2000). La Carta de la Tierra. Comisión de la Carta de la Tierra. https://earthcharter.org/es/

Fals Borda, O. (2009). El poder, el saber y el sentir: Reflexiones sobre la investigación-acción participativa. Siglo del Hombre Editores.

Freire, P. (1996). Pedagogía de la autonomía: Saberes necesarios para la práctica educativa. Siglo XXI Editores.

Noddings, N. (2013). Caring: A relational approach to ethics and moral education (2nd ed.). University of California Press.

Organización de las Naciones Unidas (ONU). (2015). Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Naciones Unidas. https://sdgs.un.org/es/goals

Estudiantes de las carreras de Ingenierías, Administración y Tecnologías de la UTN.
Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 06 de octubre de 2025.
Conversatorio: Música y Letras por la convivencia en el Planeta.
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Fe de erratas

La redacción de la Revista Académica Arjé informa que, debido a una reestructuración en los procesos editoriales de la revista, a partir del número 2, del volumen 8, las secciones de carácter divulgativo, a saber, Huellas Talentosas, Historias de vida y aprendizaje: un enfoque biopedagógico, Homenaje, Proyectos UTN, Voces de la Academia y Sección Especial seguirán siendo publicadas en el blog: Un café para Arjé.

Mover estas secciones a un blog permite:

  • Mantener el carácter abierto, ágil y multimodal de la divulgación (texto, imagen, audio, video).
  • Llegar a públicos más amplios y favorecer la interacción en redes y dispositivos móviles.
  • Diferenciar con claridad la producción académica arbitrada de la difusión de experiencias, testimonios o contenidos de interés general.
  • Conservar la curaduría editorial y la accesibilidad, pero en un formato más dinámico que no compromete la rigurosidad del núcleo de la revista.

Con esta decisión, la revista gana coherencia académica y prestigio, mientras el blog fortalece la relación con la comunidad y amplía el alcance de la divulgación.

Por este motivo, los artículos de la sección Huellas Talentosas que fueron publicados en el número 2, volumen 8, se retiraron para ser publicados en el blog. En específico:

  • “Herencia que danza en colores: el arte pictórico de Sarchí y el legado del colocho sarchiseño” – Autores: Luis Madrigal Aguilera, Mary Rodríguez Soto
  • “Entre brumas y puerto: mi ruta teatral” – Autores: Dayana Garita Rodríguez
  • “Monte de la Cruz” – Autores: Francisco Lázaro
  • “Reseña de La princesa con corazón de papel” – Autores: Fabio Víquez Villalobos
  • “Una tarde de café cargado” – Autores: Esteban de Jesús Rojas Arguedas
  • “Las Escrituras del Sabio” – Autores: José Pablo García Sánchez
  • “La mano peluda” – Autores: Erick Laurent K.

Este cambio no afecta el contenido de los artículos, pero sí su correcta citación. Por ello, solicitamos que, al referirse a estos trabajos, se utilice la información correspondiente.

Agradecemos su apoyo y nos comprometemos a seguir trabajando en pro de la excelencia.

Atentamente,

Comité Editorial
Revista Académica Arjé

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Volumen 8, número 1

La maestra de Platanillo: resiliencia, aprendizaje y transformación

Escrito por Ana María Méndez Arias, el texto relata en primera persona las vívidas experiencias de una joven maestra de 17 años al asumir un puesto en la remota comunidad rural de Platanillo. Se describen sus desafíos iniciales con la geografía y las costumbres locales, el desarrollo de sus habilidades pedagógicas y multifuncionales, y la profunda conexión que establece con los habitantes y la naturaleza, todo mientras narra sus aventuras y aprendizajes en un entorno desconocido. Finalmente, el relato culmina con un inesperado regreso a casa, dejando un legado de impacto mutuo entre la maestra y el pueblo.

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