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Refugio Interno: una invitación a repensar la masculinidad desde las emociones

¿Qué ocurre cuando a los hombres se les enseña a ser fuertes, pero no a reconocer lo que sienten? Esta es una de las preguntas que atraviesa Refugio interno: una guía para hombres que quieren entenderse, sentirse y reconstruirse, de Marlon García Rivera, publicado en 2026 por el Departamento de Investigaciones de la Universidad De La Salle, Costa Rica.

Más que ofrecer respuestas rápidas, el libro propone detenerse a mirar aquello que durante mucho tiempo ha permanecido en silencio: las emociones, los mandatos sobre lo que significa «ser hombre» y los costos de sostener una imagen de fortaleza permanente.

Cuando «aguantar» se convierte en una forma de vida

El punto de partida de Refugio interno está en la experiencia del autor como psicólogo, docente universitario y terapeuta, particularmente en el trabajo con hombres y adolescentes. Desde esa experiencia, García Rivera identifica una situación que se repite: hombres que han aprendido a resolver, sostener y cumplir, pero que no necesariamente han aprendido a detenerse, sentir o pedir ayuda.

La obra cuestiona la idea de que la desconexión emocional sea una característica inherente a los hombres. Por el contrario, plantea que muchas de estas formas de relacionarse con las emociones son aprendizajes construidos socialmente desde la infancia y, precisamente por ello, pueden transformarse.

«Sentir no te hace menos hombre, te hace más consciente», plantea el libro.

Desde esta perspectiva, la fortaleza deja de entenderse únicamente como capacidad para resistir. También puede significar reconocer los propios límites, pedir apoyo y desarrollar herramientas para comprender aquello que sucede en el mundo interno.

Del silencio al lenguaje emocional

Uno de los ejes centrales de la obra es el denominado analfabetismo emocional masculino: la dificultad para identificar, diferenciar y nombrar las emociones.

El libro señala que muchos hombres no carecen de emociones, sino de un lenguaje que les permita comprenderlas y expresarlas. Cuando ese lenguaje no se desarrolla, emociones como la tristeza, el miedo, la soledad o la frustración pueden quedar ocultas detrás del enojo, el silencio, la evasión o incluso determinadas manifestaciones corporales.

Así, aprender a decir «estoy triste», «tengo miedo», «me siento solo» o «necesito ayuda» adquiere una dimensión que va más allá de la comunicación cotidiana: significa comenzar a reconocer la propia experiencia.

El libro aborda también cómo este aprendizaje repercute en las relaciones de pareja, en las amistades y en la posibilidad de construir vínculos emocionalmente significativos. Estar acompañado, plantea el autor, no necesariamente significa sentirse acompañado cuando no existe la posibilidad de compartir aquello que ocurre internamente.

La salud mental detrás de la hiperfuncionalidad

Otro de los aportes de Refugio interno consiste en llamar la atención sobre formas de malestar que pueden pasar inadvertidas porque no siempre parecen una crisis.

El hombre puede continuar trabajando, cumpliendo responsabilidades, produciendo y atendiendo a los demás mientras experimenta cansancio persistente, irritabilidad, desconexión, pérdida de interés o sensación de vacío. El libro denomina este fenómeno agotamiento silencioso y lo relaciona con una acumulación progresiva de emociones y necesidades que no han encontrado un espacio para ser procesadas.

En este contexto, pedir ayuda puede resultar particularmente difícil. Si la autosuficiencia se ha convertido en parte de la identidad, reconocer que se necesita acompañamiento puede sentirse como una contradicción con aquello que se aprendió sobre la masculinidad.

La propuesta del autor no consiste en eliminar la fortaleza, sino en redefinirla: pedir ayuda no implica perder autonomía, sino ampliar los recursos disponibles.

Construir un refugio diferente

El concepto que da nombre al libro aparece como una metáfora para pensar la relación que cada hombre establece consigo mismo.

Un refugio interno construido desde el silencio, la exigencia y la evitación puede convertirse en un espacio de aislamiento. Frente a ello, la obra propone reconstruirlo como un lugar donde las emociones puedan existir sin ser negadas ni juzgadas; un espacio que permita integrar fuerza y sensibilidad.

El recorrido concluye con una idea que resume buena parte de la propuesta: no se trata de dejar de ser fuerte, sino de dejar de sostenerlo todo en soledad.

En ese sentido, Refugio interno no plantea una oposición entre fortaleza y sensibilidad. Propone, más bien, reconocer que ambas pueden coexistir. La fuerza permite sostener; la sensibilidad permite comprender. Integrarlas abre la posibilidad de construir relaciones más conscientes consigo mismo y con los demás.

Una conversación necesaria

Con diez capítulos que recorren desde la construcción social de la masculinidad hasta la salud mental, las relaciones de pareja, las heridas de la crianza, la vulnerabilidad, la responsabilidad emocional y la construcción de un lugar interno seguro, Refugio interno propone una conversación sobre aquello que ocurre cuando las personas aprenden a esconder sus emociones en lugar de comprenderlas.

La obra puede leerse como una invitación a revisar algunos de los mandatos que todavía acompañan la experiencia masculina: «aguantar», «resolver», «no quebrarse» y «poder solo».

Quizá la pregunta que queda después de cerrar el libro no sea cuánto puede soportar un hombre, sino qué ocurre cuando finalmente se permite dejar de hacerlo solo.

Si desea leer el libro, puede descargarlo gratuitamente, desde el siguiente enlace: https://doi.org/10.5281/zenodo.22148669

Sobre el autor

Marlon García Rivera es psicólogo, docente universitario y terapeuta. Cuenta con experiencia en atención clínica privada, acompañamiento psicosocial, intervención en crisis y trabajo con poblaciones en condición de vulnerabilidad. Su trayectoria profesional se ha desarrollado principalmente en la atención a hombres y adolescentes, abordando temas relacionados con ansiedad, relaciones, autoestima, gestión emocional y masculinidades.

Referencia

García Rivera, M. (2026). Refugio interno: una guía para hombres que quieren entenderse, sentirse y reconstruirse. Departamento de Investigaciones, Universidad De La Salle. https://doi.org/10.5281/zenodo.22148669

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La bendición que trajo Delfina

Por MBA. María de los Ángeles Chacón Eduarte. https://orcid.org/0009-0005-6079-4214

Hace mucho tiempo, en la provincia de Alajuela, en el corredor de un humilde rancho de madera, de apariencia desgastada, una mujer llamada Enriqueta sentaba a su pequeña Delfina a recibir la caricia de los rayos tibios del sol por las mañanas. La calidez del ambiente cobijaba a la niña, ofreciéndole un respiro en medio de las estrecheces que enfrentaba al lado de su madre. Enriqueta era su único sostén y quien le brindaba protección y afecto.

El rancho tenía una hermosa vista hacia el horizonte. Desde allí se podía contemplar el ganado recorriendo los potreros de la inmensa hacienda, los vistosos árboles frutales y a los peones entregados a la faena diaria de la tierra, bajo el inclemente sol o la fría lluvia.

La llegada de Delfina al mundo había sido, en sí misma, un verdadero milagro. Durante un embarazo complejo y lleno de quebrantos de salud, los médicos no auguraban un buen desenlace para la madre. Sin embargo, una noche de verano, la niña nació, desafiando todo pronóstico y aferrándose con fuerza a la vida.

Aquella gestación demandó sacrificios inmensos. Para poder alimentarse, Enriqueta dependía de las mazorcas de maíz que lograba recolectar en la milpa de la hacienda de los Arriola. Para conseguirlas, debía cruzar con mucha cautela el enmarañado monte para evitar ser descubierta.

Los peones de la propiedad, al notar la presencia de la mujer en su estado, preferían mirar hacia otro lado y disimular. Actuaban con empatía y guardaban un silencio respetuoso, pues conocían bien la injusticia que había detrás de aquella situación, ya que el dueño de la finca era el progenitor de la criatura. En el caserío donde vivían los peones con sus familias, todos comentaban que aquel sustento no era un favor, sino un derecho elemental para la madre y la criatura que se gestaba en su vientre.

Años atrás, cuando Enriqueta llegó a trabajar a la hacienda, se sintió sinceramente ilusionada por las promesas de don Jacinto Arriola. Incapaz de prever las intenciones de aquel hombre ventajoso, le entregó un afecto genuino, confiando en palabras que no tenían base ni sustento. Cuando ella le comunicó que esperaba un hijo, él reaccionó despidiéndola de inmediato en medio de acusaciones falsas, ocultándole la verdad a sus hermanas.

Aquella misma tarde, tras el injusto desahucio, don Jacinto partió a toda prisa en su caballo, como quien lleva una carga de conciencia que desea aligerar. En el trayecto, el animal resbaló en la calzada y el hacendado falleció al instante a causa del fuerte golpe que sufrió en la cabeza.

Tras la tragedia, sus tres hermanas solteras —Remedios, Francisca y Juana Elvira Arriola— quedaron a cargo de la administración total de la propiedad. Al conocer el estado de Enriqueta y saber que entre los peones y el personal de servicio se afirmaba que la paternidad era de su hermano ya fallecido, le permitieron instalarse en el antiguo rancho del capataz, ubicado en los linderos de la finca. Así intentaban brindarle algo de protección, aunque fuera a regañadientes y con desgano.

Desde entonces, Enriqueta camina a diario hasta la hacienda para conseguir alimento. Allí, las hermanas del difunto, aún resentidas y aferradas a un orgullo vano, la reciben con reproches y palabras duras antes de entregarle algunos víveres. Además, condicionan la ayuda a que realice alguna labor doméstica, como lavar los trastos o tender la ropa al sol, a pesar de que cuentan con dos criadas a su servicio.  De esta manera, someten a Enriqueta a una constante servidumbre.

Ajena al rencor del mundo, la pequeña Delfina aguarda en su silla de madera. Al ver a su madre regresar a lo lejos con la bolsa en sus manos, la niña de dos años grita con entusiasmo y celebra la llegada de las frutas dulces y verduras que tanto le gustan. Enriqueta evita llevarla consigo por temor a que las hermanas de Jacinto le hagan algún daño.  Sin embargo, cuando aquellas mujeres alcanzan a ver a la niña en brazos de su madre, quedan cautivadas por su dulzura. En sus rostros se trasluce el deseo oculto de querer abrazarla, pues reconocen en ella los rasgos de su hermano ya fallecido.

Así, en el ocaso de la tarde, se vislumbra un destello de esperanza para Enriqueta y un futuro prometedor para Delfina como única heredera de la Hacienda Arriola, al no existir ningún otro sucesor en la familia. De esta manera, la bendición llega por caminos inesperados para quien ha sido humillada y sometida a servir en medio de malos tratos.

Reflexión de la autora:

Como dice aquel antiguo refrán: “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista” pues siempre va a existir algún consuelo ante las dificultades, es cuestión de esperar y tener fe en Dios. Las situaciones difíciles tarde o temprano llegan a su fin.  “Los molinos de Dios muelen despacio pero muelen fino.”

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Ausencia

Autora: María de los Ángeles Chacón Eduarte. 

ORCID: https://orcid.org/0009-0005-6079-4214 

Con los rostros semejantes a las hojas de un magazine francés, desteñidas por el paso del tiempo cuando el color adquiere una palidez suave y áurea; así lucían las caras de aquellas dulces ancianas, con sus lindos cabellos blanquecinos ceñidos en una trenza impecablemente elaborada.

Sentadas y apoyadas en el borde de los camastros podían contemplarse una a la otra, como dos seres que habían aprendido a convivir con la lasitud de los días, a quienes la vida parecía estarles concediendo un tiempo adicional debido a su extraordinaria longevidad, pues Consuelo Rojas ya rondaba los noventa y cuatro años y Olivita Johnson las noventa y seis primaveras.

Nunca estuvo entre sus aspiraciones casarse o formar una familia propia; sin embargo, conservaban una serenidad que pocas personas logran alcanzar. Habían transitado por la existencia encontrando satisfacción en el servicio a los demás, en las pequeñas labores cotidianas y en la tranquilidad que produce una conciencia en paz.

La vida se convierte entonces en un invariable transcurrir, donde el panorama se conoce a fuerza de contemplarlo todos los días desde la misma ventana; tanto así que al cerrar y abrir los ojos permanece allí la misma pintura del paisaje, etéreamente perpetuo, como si el tiempo hubiese decidido detenerse una tarde cualquiera, justo cuando comenzaron los dolores, la rigidez y las limitaciones propias de su avanzada edad.

¿Pero quién decide sobre los designios de la humanidad sino el Supremo y Soberano Creador que moldea los destinos con el cincel de la verdad, encuadrando un incomprensible devenir donde nadie sabe con certeza qué le concederá el mañana?

Existe de todo un poco en el viñedo de la creación; personas que gastan sus fuerzas persiguiendo afanes y otras que encuentran plenitud en una existencia sencilla y equilibrada.

Así vivían Consuelo y Olivita; amigas inseparables desde tiempos mozos. Durante décadas acompañaron a familiares, vecinos y conocidos en momentos de necesidad, permaneciendo junto a quienes sufrían, ofreciendo ayuda cuando era requerida y procurando aliviar cargas ajenas antes que las propias.

Ahí estaban hasta el final, compartiendo una misma morada con el fin de hacerse compañía y patentizar cuál de las dos partiría primero de este mundo. Pasaban los días incesantes con las pupilas vacías y turbadas por los años, pero profundamente conformes con el camino recorrido. A pesar de las limitaciones propias de la edad, conservaban una tranquilidad difícil de explicar y una gratitud sincera por la vida que les había sido concedida; en verdad se sentían plenas y realizadas.

Hasta que un día, entrada la noche, Consuelo sintió un frío que le recorría la espalda y que poco a poco le invadía todo el cuerpo, acompañado de un ligero desvanecimiento. Pensó entonces:

—Creo que ya llegó mi hora postrera… No voy a molestar a Olivita; al fin y al cabo es mejor que se dé cuenta mañana. Voy a fingir dormir y esperar a que esta tribulación termine pronto, de forma callada y discreta… Así mañana Olivita me ayudará a recibir la Santa Unción como despedida, sin tener que enfrentar llantos ni sufrimientos a medianoche; ¿para qué voy a adelantarle esa angustia?

Así se perdió entre pensamientos, sin fuerzas, hasta quedarse profundamente dormida…

Al cantar de los gallos llegó el nuevo día. La luz comenzó a filtrarse por la ventana y los primeros rayos del sol se dejaron sentir sobre el aposento. Así lo percibió Consuelo al abrir los ojos, todavía aturdida al descubrir que seguía con vida y que aquel episodio nocturno no había sido más que una falsa alarma, producto del frío desolador que la había sobresaltado durante la noche.

Después de elevar una larga plegaria en agradecimiento al Creador, se incorporó poco a poco y se dirigió a la cocina para preparar el desayuno ligero que solía compartir con Olivita. Más tarde se acomodarían en las poltronas del patio interior para tomar un poco de aire fresco y continuar con aquella rutina que, con el paso de los años, se había convertido en parte necesaria de su existencia.

Sin embargo, algo le resultó extraño. El tiempo avanzaba lentamente y Olivita aún no daba señales de haberse levantado.

Apenas terminó de preparar el té, afligida por una extraña sensación y un fatal presentimiento, se apresuró hacia la habitación para despertar a Olivita. Sobrecogida, mientras la incertidumbre secuestraba sus pensamientos, la llamó repetidamente.

Cuando al fin le tomó la mano, la encontró pesada e inerte. ¿Qué era aquello que estaba sujetando, lánguido y frío?… Aquella sensación helada le recordó el escalofrío que la había sobresaltado durante la noche.

El mundo se le vino encima, el silencio de la habitación se volvió ensordecedor y poseída de un estupor, Consuelo comenzó a suplicar por ayuda y sintió su vida desvanecerse en un agujero que la arrastraba hacia las profundidades; cuanto más descendía, más angosto y oscuro se iba tornando todo a su alrededor…

Horas más tarde despertó en un aposento diferente al que compartía con Olivita. No había ventanas; estaba completamente cerrado. Una mujer entró por la puerta y acercándose con amabilidad, le dijo:

—No se preocupe, aquí va a estar bien —dijo la dama voluntaria con una sonrisa serena.

Los ojos de Consuelo se humedecieron. —¿Dónde está Olivita? —preguntó con voz temblorosa.

 —¿Olivita? Ah, ¿se refiere a la señora que compartía el aposento con usted? No se preocupe, ya se encargaron de todo. Ella ya descansa en la paz eterna.

Una profunda tristeza desdibujó el rostro de Consuelo. Pensó que ni siquiera había tenido la fuerza necesaria para despedirse de su entrañable compañera de tantos años y exclamó en su corazón:

—Señor, que se haga Tu Santa Voluntad…

Luego se dirigió hacia la puerta con paso indeciso y lento. Al salir de la habitación encontró muchos rostros surcados por los años y miradas pausadas inmersas en un silencio supremo. Entonces otra anciana residente se acercó y le tomó la mano para integrarla a aquel nuevo grupo, trayendo de inmediato a su memoria el recuerdo de Olivita,

Absorta y profundamente conmovida, todavía una lágrima le recorría la mejilla. Se sentó en un taburete junto a la ventana, como quien hace fila junto a sus compañeros para esperar el próximo autobús, aunque esta vez sin ninguna prisa por llegar al destino.

De repente salió la dama voluntaria del cuarto y le dijo en voz alta:

—Hermana Consuelo, ya puede pasar al baño; le ayudaré a quitarse su hábito de monja.

Y por primera vez, desde que amaneció aquel día, Consuelo sintió la inmensidad de la ausencia…

Reflexión de la autora

Llegar a una edad longeva permite acumular experiencias, compartir con los seres queridos y contemplar el fruto de los años vividos. Este relato invita a valorar y respetar a los adultos mayores, cuya sabiduría enriquece a la sociedad, y nos recuerda que cada ser humano, sin distinción de edad, posee una dignidad invaluable y merece vivir rodeado de amor, respeto y consideración.

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2026: Una puerta numérica a la innovación en el aula de matemáticas

Emmanuel Chaves Villalobos
Es docente de matemáticas desde el año 2006 para diversas instituciones a nivel de secundaria, en el que atendió diversos proyectos como Olimpiadas Costarricenses de Matemática (OLCOMA), proyecto MATEM, Bachillerato Internacional, entre otros.
Actualmente es académico de la Universidad Técnica Nacional (UTN) y de la Universidad Estatal a Distancia (UNED).

Resumen

Este ensayo académico reflexiona sobre estrategias de innovación pedagógica en matemáticas que parten de la exploración de contextos cotidianos. Tomando como eje el año 2026, se analizan sus propiedades aritméticas, algebraicas y de teoría de números, descubriendo la densidad conceptual que se oculta tras una simple notación en el calendario. Además, se incluye un estudio de febrero de 2026 como «mes perfecto» y su potencial didáctico. El objetivo central es mostrar cómo la curiosidad matemática, suscitada por un objeto familiar, puede convertirse en una estrategia efectiva para fomentar la motivación, facilitar la comprensión conceptual y modelar un enfoque de enseñanza basado en la indagación y el pensamiento flexible. A través de ejemplos concretos y sus conexiones curriculares, se sostiene que la innovación académica más significativa puede emerger de resignificar lo cotidiano, proporcionando al docente un marco para diseñar experiencias de aprendizaje situadas y significativas.

Palabras clave: Innovación educativa, Educación Matemática, Curiosidad matemática, Pensamiento flexible.

Abstract

This academic essay reflects on pedagogical innovation strategies in mathematics that start from the exploration of everyday contexts. Taking the year 2026 as a starting point, its arithmetic, algebraic, and number theory properties are analyzed, uncovering the conceptual density hidden behind a simple calendar notation. An examination of February 2026 as a «perfect month.and its didactic potential is also included. The central objective is to show how mathematical curiosity, sparked by a familiar object, can become an effective strategy to foster motivation, facilitate conceptual understanding, and model a teaching approach based on inquiry and flexible thinking. Through concrete examples and their curricular connections, it is argued that the most significant academic innovation can emerge from re-signifying the everyday, providing teachers with a framework for designing situated and meaningful learning experiences.

Keywords: Educational innovation, Mathematics Education, Mathematical curiosity, Flexible thinking.

  1. Introducción

¿Cuántas veces se ha anotado el año 2026 en la pizarra, en una asignación o en un documento, sin detenerse a considerar la compleja red de relaciones matemáticas que encierran esos cuatro dígitos? En la dinámica habitual de cobertura curricular, quienes enseñan matemáticas a menudo pasan por alto el potencial didáctico contenido en los elementos más cotidianos.

Este ensayo nace de una convicción que se ha ido consolidando a lo largo de la práctica docente: la innovación académica más sostenible y profunda, no siempre requiere de tecnologías sofisticadas o recursos especializados; frecuentemente, reside en la mirada inquisitiva que se logra cultivar y proyectar sobre el entorno inmediato.

El elemento innovador que se explora aquí es de naturaleza académica y conceptual. No se presentan los resultados de una investigación empírica, sino una reflexión pedagógica fundamentada en una premisa fundamental: cualquier objeto familiar, como la notación del año en curso, puede ser deconstruido y reconstruido a través del lente matemático para transformarse en un contexto generador de aprendizaje.

El año 2026 sirve, en este caso, como prototipo idóneo para este ejercicio intelectual. Constituye una entidad numérica de uso universal, un marcador temporal que estructura la experiencia, y simultáneamente, un objeto abstracto con propiedades formales precisas. A esto se suma un fenómeno calendario particular: febrero de 2026 ha sido identificado como un «mes perfecto» (OEM/El Heraldo de Juárez, 2025), característica que no se repetirá hasta 2037, lo que ofrece una oportunidad única para explorar matemáticas aplicadas al tiempo.

El propósito de este texto es doble. En primer lugar, realizar un recorrido analítico y reflexivo por algunas de las particularidades matemáticas que ofrece el número dos mil veintiséis, incluyendo su expresión calendaria. En segundo lugar, y con mayor relevancia, emplear dicho recorrido como sustento para una propuesta pedagógica más amplia: cultivar la curiosidad y el asombro matemático desde contextos significativos, fomentando un pensamiento flexible y creativo (Boaler, 2016; Cockcroft, 1982), constituye una estrategia de innovación poderosa y accesible.

Se invita al lector, no a seguir un protocolo de investigación, sino a participar de una exploración intelectual que aspira, ante todo, a renovar la percepción sobre los números que nos rodean.

  • Una mirada analítica al 2026: más que una fecha
    • Descomposición y propiedades fundamentales

Al abordar un número como el 2026, el primer acto matemático implica su descomposición. En el sistema decimal posicional: 2∙103+0∙102+2∙101+6∙100. Este ejercicio, aparentemente elemental, constituye el punto de partida. La pregunta inmediata es sobre su naturaleza íntima: ¿es primo? Una revisión inicial confirma su paridad, lo que indica divisibilidad entre 2. El cociente, 1013, no se puede dividir por todos los primos menores que 101331,8√1013≈31,8, revelándose como primo. Por consiguiente:

2026 = 2 * 1013

Esta factorización, de obtención sencilla, es muy rica en conexiones. Define a 2026 como un número semiprimo, concepto relevante en áreas como la criptografía. Además, la suma de sus divisores propios (1, 2, 1013) es 1016, menor que 2026, clasificándolo como un número deficiente. Así, una simple designación temporal conduce directamente a discusiones sobre primalidad, clasificaciones numéricas y la teoría de divisores.

  • Representación en distintos sistemas numéricos

La exploración trasciende la aritmética básica al considerar su representación en otros sistemas. En el sistema binario, fundamental para la computación, 2026 se expresa como 11111101010. En el sistema hexadecimal, ubicuo en la programación y el diseño digital, adopta la forma concisa 7EA, donde el grafema A evidencia la naturaleza convencional y extensible de los símbolos numéricos. La conversión entre bases no es un mero artificio; es una lección profunda sobre el valor posicional y la relatividad de la representación.

Una perspectiva histórica enriquece el análisis: en numeración romana, 2026 se escribe MMXXVI. Esta representación permite contrastar sistemas numéricos no posicionales con el sistema decimal hindú-arábigo, destacando las ventajas computacionales de este último y ofreciendo una ventana a la evolución del pensamiento matemático.

  • Conexiones geométricas, aditivas y propiedades notables

El análisis revela conexiones elegantes. Por ejemplo, 2026 = 212+452, vinculándolo directamente con el teorema de Pitágoras y la geometría del plano cartesiano, donde el par ordenado (21, 45) puede interpretarse como un vector. Asimismo, en cumplimiento de la conjetura de Goldbach, puede expresarse como suma de dos números primos (1013+1013).

Otra representación reveladora es como suma de enteros consecutivos: 2026=505+506+507+508. Esta descomposición sirve de introducción natural a las sucesiones y series aritméticas.

La posición de 2026 en la secuencia numérica adquiere significado al compararlo con sus vecinos. El año anterior, 2025, es un cuadrado perfecto (452). Este par consecutivo—uno cuadrado perfecto y el otro semiprimo—ilustra la diversidad de propiedades que pueden presentar números adyacentes. Además, 2026 guarda una relación próxima con una potencia de dos: 211=2048, por lo que 2026 = 211-22, conectándolo con el crecimiento exponencial característico de la informática.

Finalmente, su raíz digital—obtenida sumando iterativamente sus dígitos hasta reducirla a una sola cifra: 2+0+2+6 =10, luego 1+0=1. Los números con raíz digital 1 poseen propiedades distintivas en aritmética modular, ofreciendo otro punto de partida para la exploración.

  • Febrero de 2026: Un mes perfecto como contexto matemático

Una propiedad en el calendario singular dota al año 2026 de un atractivo adicional para el aula. Febrero de 2026 ha sido señalado como un «mes perfecto» (OEM/El Heraldo de Juárez, 2025). Este calificativo surge porque el mes comienza en domingo y termina en sábado, abarcando exactamente 28 días (cuatro semanas completas). Esta configuración, que no se repetirá hasta febrero de 2037, es un fenómeno derivado de las reglas del calendario gregoriano y la distribución de los días de la semana.

Desde una perspectiva matemática, esta particularidad abre la puerta a investigaciones fructíferas. Los estudiantes pueden explorar la aritmética modular (específicamente, congruencias módulo 7) para entender cómo se determinan los días de la semana. Pueden formularse preguntas como: ¿qué propiedades debe tener un año para que febrero sea perfecto? ¿Con qué periodicidad ocurre? Esto conecta con conceptos de divisibilidad (años bisiestos, reglas del calendario) y puede llevar al diseño de algoritmos simples para predecir estas configuraciones. Es un ejemplo paradigmático de cómo un dato aparentemente trivial del entorno (el calendario) se convierte en un problema matemático rico y accesible.

Este conjunto de propiedades muestra que un ente aparentemente ordinario como 2026 es, en realidad, un nodo conexo dentro de una vasta red de ideas matemáticas. La cuestión pedagógica subsiguiente es: ¿cómo aprovechar esta riqueza conceptual en el proceso de enseñanza-aprendizaje para desarrollar un pensamiento matemático flexible?

  • De la exploración conceptual a la innovación didáctica: principios y aplicaciones

El valor de este análisis no reside únicamente en el inventario de propiedades, sino en su traducción a una práctica pedagógica innovadora. Se considera que el docente que modela una actitud de indagación frente a lo cotidiano está, en esencia, innovando. Demuestra que la matemática no es un corpus estático de verdades, sino una disciplina viva para interpretar la realidad. Este enfoque es fundamental para desarrollar lo que Boaler (2016) denomina una «mentalidad matemática»: la creencia de que la capacidad matemática puede desarrollarse, junto con la disposición a explorar, conjeturar y aprender de los errores.

La transposición didáctica de estas ideas puede tomar múltiples formas, siempre con el objetivo de fomentar un pensamiento flexible y creativo (Cockcroft, 1982). En lugar de ejercicios descontextualizados, pueden diseñarse actividades ancladas en la exploración de 2026. Para estudiantes en etapas iniciales, el planteamiento de un enigma numérico es efectivo: mediante pistas basadas en sus propiedades (paridad, suma de dígitos, número de divisores), se desafía a los estudiantes a deducir la identidad del número, integrando habilidades de lectura, cálculo y razonamiento lógico. Esto promueve la flexibilidad al permitir múltiples caminos de deducción.

En temas como álgebra y funciones, 2026 puede dejar de ser un objeto estático para convertirse en una meta dinámica. Problemas de modelización, como proyectar el crecimiento de una población o de un fondo de ahorro para alcanzar dicho valor, dotan de sentido y contexto a las operaciones algebraicas y al estudio de funciones. Los estudiantes deben elegir modelos (lineales, exponenciales), ajustar parámetros y validar sus resultados, ejercitando el pensamiento crítico y la toma de decisiones.

El estudio del «mes perfecto» de febrero de 2026 se presta para proyectos interdisciplinares. Los alumnos pueden investigar el algoritmo de Zeller para el cálculo del día de la semana, crear una línea de tiempo de meses con esta característica, o incluso programar una simulación sencilla. Estas tareas, que van más allá del cálculo repetitivo, desarrollan habilidades de investigación, representación múltiple y pensamiento computacional.

En educación superior, particularmente en carreras tecnológicas, la representación de 2026 en bases 2 y 16 constituye un caso concreto para discutir los fundamentos de los sistemas de numeración y su importancia crítica en las ciencias de la computación. Su factorización prima, 2∙1013 , ofrece un punto de entrada accesible para discutir los números semiprimos y sus aplicaciones en algoritmos de criptografía asimétrica, estableciendo un puente tangible entre la teoría de números abstracta y la tecnología contemporánea.

Este enfoque se alinea con los postulados de la Educación Matemática Realista (Bressan et al., 2005), que enfatiza el aprendizaje a partir de contextos plausibles. También responde al llamado de los Estándares para la Educación Matemática (National Council of Teachers of Mathematics, 2000) a fomentar una cultura de indagación en el aula, donde el docente actúa como guía más que como única fuente de conocimiento, y donde la resolución de problemas es el centro de la actividad matemática. La innovación, pues, no radica únicamente en el recurso (el número 2026), sino en el marco metodológico que lo utiliza como catalizador del pensamiento matemático flexible y creativo.

  • Implicaciones y valor de la propuesta: hacia una innovación situada

Adoptar esta perspectiva conlleva implicaciones significativas para la práctica docente. En primer lugar, democratiza la innovación. No se condiciona a la disponibilidad de tecnología avanzada, sino a la capacidad de observación, creatividad y dominio disciplinar. Cualquier educador puede emprender la tarea de analizar matemáticamente elementos de su propio contexto: datos demográficos locales, métricas financieras sencillas, medidas espaciales del entorno, o eventos calendarios como el «mes perfecto» de 2026.

En segundo término, este enfoque humaniza y contextualiza el conocimiento matemático. Al partir de un objeto familiar y revelar su complejidad subyacente, se desmitifica la disciplina, presentándola como una construcción humana, llena de patrones y conexiones inesperadas. Esta aproximación puede contribuir a mitigar la ansiedad matemática, un obstáculo bien documentado en el aprendizaje, al mostrar las matemáticas como una exploración accesible y fascinante.

Por último, y de mayor trascendencia, empodera al docente como un intelectual diseñador. En una era de abundancia de recursos digitales prediseñados, recuperar la agencia para crear a partir de elementos simples constituye un acto de autonomía profesional y reflexión crítica. El docente que diseña una secuencia didáctica alrededor de 2026 trasciende el rol de aplicador de currículo para asumirse como un profesional que genera conocimiento didáctico situado (Shulman, 1986).

El valor de esta propuesta, por tanto, trasciende el caso específico del 2026. Ofrece un marco de referencia pedagógico: un modo de concebir la enseñanza que privilegia la curiosidad, la contextualización, el pensamiento flexible y la búsqueda de conexiones interdisciplinares. Representa una invitación a re-concebir lo cotidiano como un reservorio inagotable de problemas matemáticos genuinos, esperando ser descubiertos y empleados para generar aprendizaje significativo y duradero.

  • Conclusiones

El recorrido analítico por el número 2026, desde su factorización prima hasta sus diversas representaciones, propiedades y su expresión como un «año con un mes perfecto», ha servido como andamiaje para sustentar una tesis central: la innovación en la educación matemática puede y debe nutrirse de una mirada inquisitiva hacia lo ordinario. Lejos de ser un ejercicio trivial, esta aproximación tiene el potencial de transformar la ecología del aula, favoreciendo un aprendizaje activo, colaborativo y orientado al desarrollo de un pensamiento matemático flexible y creativo.

El año 2026, como hito temporal, es efímero. Sin embargo, la perspectiva analítica y pedagógica que permite ejemplificar puede perdurar. La invitación final de este ensayo es a que, como comunidad educativa, se cultive deliberadamente dicha perspectiva. A que, al anotar la fecha o al toparnos con cualquier cifra en el quehacer cotidiano, se formulen, siquiera brevemente, las preguntas propias del quehacer matemático: ¿cuál es su estructura? ¿qué relaciones oculta? ¿a qué otros conceptos fundamentales permiten acceder? ¿qué fenómenos del mundo real (como los calendarios) puede ayudarnos a modelar?

En última instancia, la innovación más poderosa podría consistir precisamente en eso: en recuperar y fomentar el asombro fundamentado ante lo familiar. Si se logra que los estudiantes—y los docentes junto a ellos—experimenten esa chispa de curiosidad satisfecha y comprensión profunda al develar las propiedades de un número como el 2026 o al descubrir la matemática detrás de un «mes perfecto», se habrá alcanzado un objetivo pedagógico esencial. Se habrá colocado en el centro de la experiencia educativa no la mera cobertura de contenidos, sino el cultivo de una mente inquisitiva, flexible y creativa, capaz de discernir belleza, complejidad y conexión en los escenarios más cotidianos. Ese, quizás, constituye el aprendizaje de mayor valor y más duradero que se puede propiciar.

Referencias

Boaler, J. (2016). Mathematical Mindsets: Unleashing Students’ Potential Through Creative Math, Inspiring Messages and Innovative Teaching. Jossey-Bass.

Bressan, A. M., Zolkower, B., & Gallego, M. F. (2005). Los principios de la educación matemática realista. Reflexiones teóricas para la educación matemática. Revista EMA, 10(1), 69-96.

Cockcroft, W. H. (1982). Mathematics Counts. Her Majesty’s Stationery Office.

National Council of Teachers of Mathematics. (2000). Principles and Standards for School Mathematics.

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Shulman, L. S. (1986). Those who understand: Knowledge growth in teaching. Educational Researcher, 15(2), 4-14. https://doi.org/10.3102/0013189X015002004

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Narrativa auditiva

Kenneth Aguilar Blanco

Universidad Técnica Nacional, Costa Rica

kaguilarb@utn.ac.cr

Kenneth Aguilar es un artista costarricense, cuya discografía publicada de manera independiente en plataformas como Bandcamp, Youtube, o Spotify, revela influencia de varios géneros para establecer la música atmosférica y experimentación sonora como base en sus obras.

La música de Kenneth Aguilar suele ser exploratoria y vanguardista. Sin embargo, su EP más reciente, titulado “P.I.” se presentanversiones acústicas de 6 temas como con arreglos minimalistas sencillos.

En los siguientes enlaces se puede acceder a su música.

https://kennethaguilar.bandcamp.com/album/p-i

https://music.youtube.com/playlist?list=OLAK5uy_mi2W0MYjDFiF2WfZVKAqzOPJlFMv2tfAg

https://open.spotify.com/artist/1XPnzdSAuL8HZPy1cKFgLx?si=MbvFCIukSWWQs04Fv083oQ

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Herencia que danza en colores: el arte pictórico de Sarchí y el legado del colocho sarchiseño

Por: Luis Madrigal Aguilera
Pintor de carretas – Portador de la tradición
Mary Rodríguez Soto
Gestora internacional de turismo sostenible

En el corazón del Valle Central de Costa Rica, el cantón de Sarchí se ha consolidado como baluarte del arte popular costarricense y cuna de la artesanía nacional. Reconocido por su colorida y distintiva artesanía, especialmente en la fabricación de carretas típicas costarricenses, ha preservado una expresión artística singular que ha evolucionado a lo largo del tiempo sin perder su esencia: la pintura estilo Sarchí y su emblemático colocho sarchiseño.

Imagen de referencia.

El estilo de pintura tradicional sarchiseño nace
a principios del siglo XX, en una época en que la carreta se convirtió en el principal medio de transporte agrícola en Costa Rica. La influencia del ornamento europeo, especialmente en piezas de carácter religioso como vitrales, arte sacro, tallas y relieves de altares en templos, inspiró el nacimiento de un estilo que, con el paso del tiempo, fue evolucionando hasta convertirse en lo que conocemos hoy en día.
La pintura estilo Sarchí tuvo sus orígenes en la decoración de carretas pintadas a mano con pigmentos naturales. Se empleaban colores intensos como el rojo, azul, amarillo, verde y naranja, que daban vida a composiciones cromáticas enriquecidas con figuras geométricas, motivos florales y elementos vegetales. Más allá de su función utilitaria, los artesanos locales comenzaron a embellecer las carretas con diseños únicos, transformándolas
en verdaderos lienzos móviles que reflejaban identidad, simbolismo y orgullo campesino.
El ornamento por excelencia de esta expresión artística es el inconfundible colocho sarchiseño. Esta figura espiral o circular danza con gracia y energía, simbolizando movimiento, vida y fertilidad. Su trazo curvo, a menudo repetitivo y envolvente,
no solo embellece la pieza decorada, sino que también evoca una profunda conexión con la tierra, la espiritualidad y la fe campesina. En su esencia, se plasman los tres pilares que dieron origen al boyeo y la carreta, y que están profundamente arraigados en la identidad costarricense: la fe, la familia y el trabajo.
Cada colocho es único, ya que su forma y dirección están determinadas por el trazo natural y la intuición del artesano. El colocho sarchiseño tiene un origen orgánico, inspirado en la exuberante flora tropical costarricense: tallos, hojas, flores, pistilos, semillas, helechos y otros elementos naturales dialogan en un constante juego entre tradición y creatividad. Destaca el uso de colores con contrastes marcados entre tonos fríos y cálidos, que danzan en armonía y evocan la alegría, la calidez y el carácter dicharachero del tico. Estos elementos se han convertido en un emblema visual de Sarchí, presente tanto en las carretas como en una amplia variedad de creaciones artesanales que llevan el inconfundible sello sarchiseño.
Con el paso del tiempo, el arte pictórico sarchiseño ha experimentado importantes transformaciones. En la segunda mitad del siglo XX, la llegada del turismo y el reconocimiento de la carreta costarricense —declarada Símbolo Nacional del Trabajo mediante decreto en 1988, y posteriormente Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2005— marcaron un hito en su valorización. A esto se suma la más reciente Ley de la República, que declara la pintura estilo Sarchí y el colocho típico como patrimonio cultural inmaterial costarricense. Nuevas generaciones de pintores y pintoras han heredado las técnicas tradicionales, incorporando al mismo tiempo herramientas modernas sin renunciar a la identidad estética que caracteriza esta expresión. Algunos artistas exploran fusiones con estilos contemporáneos e incluso técnicas digitales, manteniendo siempre el colocho como un sello indeleble de autenticidad.
Hoy, la pintura estilo Sarchí se expande más allá de la carreta: se aplica en murales comunitarios, souvenirs, señalética turística, proyectos educativos y plataformas digitales. El arte se convierte en lenguaje cotidiano y vehículo de identidad local, siendo el colocho la gráfica costarricense más reconocida nacional e internacionalmente.
Gracias a este arte de esencia artesana, tanto visitantes como residentes pueden participar activamente en esta tradición. Los recorridos por los talleres y las actividades con familias artesanas permiten experimentar de forma vivencial el color y la danza del pincel en cada trazo, guiados por las manos expertas de los artistas del pincel. Así, el maestro artesano —portador de la tradición— transmite a nuestro tiempo el arte legado por sus antepasados, de esta manera, el arte del pasado cobra vida en el presente y se preserva para el futuro.

Más que una técnica decorativa, la pintura estilo Sarchí es una forma de mirar
el mundo desde la alegría, la armonía, la familia, el trabajo, el legado y la comunidad, en profunda conexión con las raíces auténticamente criollas. Es un legado que no se detiene: gira, evoluciona y vuelve a empezar… como el mismo colocho sarchiseño.
La relevancia de la pintura estilo Sarchí trasciende las fronteras nacionales. Su riqueza estética y valor simbólico han sido reconocidos a nivel internacional, consolidando a Sarchí como un referente mundial del arte popular autóctono. La proclamación de la carreta costarricense como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2005 representa un hito que honra esta tradición y a sus portadores, elevando su estatus como legado cultural universal y comprometiéndonos con su preservación.
Esta distinción no solo reafirma la importancia de preservar y difundir esta manifestación artística, sino que también promueve el reconocimiento de las comunidades artesanas como guardianas de un saber de antaño que ha sido transmitido de generación en generación. La pintura estilo Sarchí y el colocho sarchiseño son herencias vivas que reflejan la identidad y el orgullo costarricense, y constituyen un puente entre el pasado, el presente y el futuro de nuestra cultura nacional.
El legado recibido no es únicamente una técnica ni una estética visual; es un compromiso con la historia, el trabajo comunitario y la creación con sentido.
Hoy más que nunca, conservar y revitalizar esta tradición representa un acto de resistencia cultural y una celebración de nuestras raíces.
Sarchí es un pueblo de legado y tradición, donde cada pincelada cuenta una historia y cada color refleja el alma de su gente. En sus calles, talleres y hogares, se respira el orgullo de generaciones que han sabido conservar y renovar una herencia que trasciende el tiempo.

Aquí, la artesanía no es solo oficio, sino identidad; no es solo arte, sino forma de vida. Sarchí no solo preserva sus raíces: las transforma en experiencias vivas que inspiran a quienes lo visitan y enorgullecen a quienes lo habitan.

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Suite Guitarra Social: Música para despertar conciencia y sembrar esperanza

Por: Natalia Esquivel Benítez

En un contexto global que exige respuestas sensibles y creativas ante los retos sociales y ambientales, la compositora costarricense Natalia Esquivel Benítez ofrece una obra de profunda resonancia ética y estética: Suite Guitarra Social. Esta suite, concebida para guitarra solista, se erige como una propuesta musical que entrelaza la poética sonora con el compromiso social, la pedagogía y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Compuesta para diecisiete movimientos, la obra viaja por paisajes sonoros que evocan la belleza natural, la memoria de los pueblos y el compromiso que asume para las generaciones futuras desde lo social y lo ecológico. Desde el lirismo esperanzado hasta la contundente protesta contenida en sus rasgueos, cada pieza parece invitar a la reflexión, al diálogo interior y al compromiso con la vida en todas sus formas. La suite no solo apela a la sensibilidad artística, sino también al pensamiento crítico, a través de una estética que se nutre del impresionismo, las músicas tradicionales latinoamericanas y una mirada contemporánea de la guitarra como instrumento de cambio.

El enfoque compositivo revela una búsqueda de sencillez expresiva sin renunciar a la profundidad. Hay momentos de contemplación serena, donde los arpegios fluyen como ríos transparentes, y otros de fuerza telúrica, que conecta con la tierra y la ancestralidad. La guitarra se convierte aquí en un medio para contar historias, elevar voces y sembrar conciencia.

En su interpretación —que puede disfrutarse a través del álbum disponible en plataformas digitales— la misma compositora ejecuta con sobriedad y emoción cada fragmento, subrayando el carácter narrativo y espiritual de la obra. La grabación no solo documenta una propuesta artística, sino que la convierte en una experiencia sensible y accesible para diversos públicos.

Como educadora, artista y promotora cultural, Esquivel ha integrado esta suite en procesos formativos y proyectos de transformación social, como se destaca en sus presentaciones en  la Universidad Técnica Nacional (UTN) y en medios culturales y educativos. Suite Guitarra Social no es solo un conjunto de piezas para concierto; es una herramienta de diálogo, una invitación a construir comunidad desde la música y un ejemplo de cómo el arte puede tener un propósito pedagógico y transformador cumpliendo su papel en el área humanística.

En tiempos que claman por una nueva ética del cuidado y la cooperación, esta obra se presenta como un faro creativo que ilumina el cruce entre arte, ecopedagogía y ciudadanía global. Le invitamos a escucharla, aprenderla y ejecutarla.

En el siguiente enlace tendrá acceso a las partituras https://revistas.utn.ac.cr/index.php/arje/article/view/767/1479