{"id":841,"date":"2026-10-16T16:25:15","date_gmt":"2026-10-16T22:25:15","guid":{"rendered":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/?p=841"},"modified":"2026-10-16T16:25:15","modified_gmt":"2026-10-16T22:25:15","slug":"omari-y-tarig","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/?p=841","title":{"rendered":"Omari y Tarig"},"content":{"rendered":"\n<p>Autora: MBA. Mar\u00eda de los \u00c1ngeles Chac\u00f3n Eduarte<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/orcid.org\/0009-0005-6079-4214\">https:\/\/orcid.org\/0009-0005-6079-4214<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Omari y Tarig son dos tiernos ni\u00f1os que habitaban un rinc\u00f3n de la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica del Congo en \u00c1frica Central. Un territorio de monta\u00f1as verdes, bosques tropicales, r\u00edos, lagos, y peque\u00f1as comunidades, donde tambi\u00e9n existen zonas transformadas por la agricultura, la miner\u00eda y los asentamientos humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Es ah\u00ed donde trabajaban a su corta edad junto a otros ni\u00f1os, extrayendo cobalto. Debido a su peque\u00f1o tama\u00f1o, ambos eran enviados a introducirse en galer\u00edas subterr\u00e1neas muy estrechas. Algunas veces con picos, palas o incluso con sus propias manitas extra\u00edan de la tierra las rocas donde se hallaba el mineral.<\/p>\n\n\n\n<p>Otras veces deb\u00edan cargar sacos pesados o palanganas sobre sus espaldas o en sus cabezas recorriendo un extenso trecho hasta llegar a la superficie.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n pasaban horas sumergiendo las rocas y lavando el sedimento en el agua para separar el cobalto del lodo y la arena; en algunas ocasiones, el escuchar el ruido del agua o mirar alg\u00fan pajarito era motivo de gran satisfacci\u00f3n y alegr\u00eda, pues la mayor\u00eda del tiempo no ve\u00edan la luz del sol.<\/p>\n\n\n\n<p>Seleccionaban a mano las piedras que conten\u00edan el mineral, algo que para ellos al principio resultaba entretenido, pero que con el pasar del tiempo y la monoton\u00eda se volv\u00eda repetitivo y cansado.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ese proceso lo realizaban sin guantes, mascarillas ni cascos de protecci\u00f3n, lo que les ocasionaba tos, y otras veces sufr\u00edan alguna cortadura o enfrentaban derrumbes repentinos en los t\u00faneles de los cuales sal\u00edan corriendo sobre sus peque\u00f1os piecitos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta historia sucedi\u00f3 hace muchos a\u00f1os, en la antigua provincia de Katanga\u2026Su nombre era Omari, un hermoso ni\u00f1o de ocho a\u00f1os, de ojos grandes y expresivos que reflejaban inocencia y ternura. Su piel era de un tono color chocolate y su cabellera estaba formada por unos rizos muy suaves. Siempre ten\u00eda una sonrisa que iluminaba su rostro y que irradiaba mucha dulzura para quien lo mirara.<\/p>\n\n\n\n<p>Era un caso especial, si as\u00ed podemos llamarlo, porque los ni\u00f1os que trabajan en las minas suelen lucir cansados y tristes debido a la explotaci\u00f3n y la pobreza extrema que enfrentan. Sin embargo, Omari siempre se ve\u00eda optimista y alegre a pesar de su situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El mejor amigo de Omari era Tarig, un ni\u00f1o de seis a\u00f1os con quien siempre compart\u00eda lo poco que ten\u00eda para comer. Cuando nadie los ve\u00eda, o cuando ten\u00edan un momento libre, jugaban durante unos cuantos minutos antes de que el capataz los encontrara y les solicitara que regresaran a la faena.<\/p>\n\n\n\n<p>Al final del d\u00eda, sus cabellos rizados terminaban polvorientos y enmara\u00f1ados. Omari y Tarig dorm\u00edan en un campamento improvisado, sobre el duro suelo sin tan siquiera una manta que los cubriera del fr\u00edo. Omari le cantaba a Tarig, en medio de su cansancio, una canci\u00f3n que hab\u00eda aprendido en las minas y que se llamaba <em>Shosholoza.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Sus manitas endurecidas y llenas de callos acariciaban el pelo de Tarig mientras los dos se iban quedando dormidos. A pesar del hambre, lograban descansar escuchando el canto y el susurro de los grillos, los b\u00fahos y las lechuzas.<\/p>\n\n\n\n<p>Han de saber que Omari y Tarig trabajaban muchas horas al d\u00eda, a menudo desde el amanecer hasta el anochecer. De vez en cuando recib\u00edan pan de yuca, \u00f1ame o malanga. Ambos eran ni\u00f1os hu\u00e9rfanos; sus padres hab\u00edan muerto. El capataz, Bomani, era quien les llevaba comida y era el \u00fanico que se acordaba de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella noche, mientras Omari le cantaba <em>Shosholoza<\/em> a Tarig, ten\u00eda tanta hambre que sinti\u00f3 que su cuerpo se elevaba unas cuantas pulgadas del suelo. Sent\u00eda el cuerpo r\u00edgido; hab\u00eda trabajado tanto y se sent\u00eda tan cansado\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Una tarde, mientras Omari y Tarig transportaban unos sacos, en medio de una oscura galer\u00eda, el suelo se volvi\u00f3 inestable y comenz\u00f3 a colapsar. Tarig qued\u00f3 guindando a unos cuantos metros de Omari cuando, de repente y suspendido en el vac\u00edo, aferrado con sus peque\u00f1as manos a una ra\u00edz que apenas resist\u00eda su peso, grit\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Omari! Ay\u00fadame, amigo, ay\u00fadame!<\/p>\n\n\n\n<p>Omari solt\u00f3 el saco que llevaba sobre los hombros y corri\u00f3 hacia \u00e9l. Se tendi\u00f3 sobre la tierra y estir\u00f3 sus brazos, pero sus dedos apenas alcanzaban los de su amigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces de repente y despu\u00e9s de mucha insistencia Omari ya rendido sinti\u00f3 nuevamente aquella extra\u00f1a ligereza que hab\u00eda experimentado la noche en que cantaba <em>Shosholoza<\/em>. Su cuerpo comenz\u00f3 a elevarse lentamente. Primero unos cent\u00edmetros; despu\u00e9s, un poco m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Tarig, no tengas miedo! Susurr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El ni\u00f1o extendi\u00f3 sus brazos y, como si una fuerza invisible lo sostuviera, descendi\u00f3 hasta donde estaba su amigo Tarig.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esta vez no estaba solo. Entre el polvo de la mina aparecieron unas figuras luminosas. No ten\u00edan aspecto de hombres ni de mujeres; parec\u00edan hechas de luz. Uno de ellos tom\u00f3 a Tarig de la mano y el otro ser sostuvo a Omari.<\/p>\n\n\n\n<p>Y los dos ni\u00f1os comenzaron a subir\u2026 y subieron tan alto por encima de la mina, por encima de la monta\u00f1a, por encima de aquella tierra que durante tantos a\u00f1os hab\u00eda visto su sufrimiento y trabajo. Por primera vez, Omari no sinti\u00f3 el peso de los sacos sobre sus hombros y Tarig tampoco sinti\u00f3 hambre.<\/p>\n\n\n\n<p>Y mientras sub\u00edan Omari volvi\u00f3 a cantar aquella canci\u00f3n que tantas noches hab\u00eda compartido con su amiguito, la canci\u00f3n <em>\u201cShosholoza\u2026\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Abajo quedaron las minas, los t\u00faneles, los metales y todo lo que los hac\u00eda sufrir. Los dos partieron con una hermosa sonrisa porque al fin se sent\u00edan libres.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, vieron c\u00f3mo se acercaban a un lugar maravilloso, lleno de flores, r\u00edos y frutas variadas y de muy buen aspecto, donde otros ni\u00f1os los esperaban para jugar. Ah\u00ed reconocieron tambi\u00e9n los rostros de algunos antiguos amigos de las minas que hab\u00edan partido antes.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde aquel d\u00eda, se contaba en las minas la historia de Omari y Tarig. Cuando alguien preguntaba d\u00f3nde estaban Omari y Tarig, los ni\u00f1os de la mina se\u00f1alaban hacia el cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese d\u00eda abajo, en las minas encontraron unas flores y dos sacos en el lugar donde se derrumb\u00f3 la mina. Se comenta que alguien puso esas hermosas flores ah\u00ed, pero nunca se supo qui\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, todos los que escuchaban la historia lo interpretaban como un s\u00edmbolo para recordar que ning\u00fan ni\u00f1o debe quedar olvidado por el mundo mientras buscan los metales que codician las industrias y se apaga la sonrisa tierna en la penumbra de la tierra, sin juguetes y cargando inc\u00f3modas herramientas, adem\u00e1s del sufrimiento y el hambre.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Reflexi\u00f3n de la autora: <\/strong>En el negocio de la miner\u00eda alrededor del mundo se vive una profunda crisis humanitaria que ocurre a plena luz del d\u00eda, ante la vista y paciencia de todos. Es una cruel realidad, dado que el llamado avance cient\u00edfico y tecnol\u00f3gico actual se sostiene, en gran medida, por la sobreexplotaci\u00f3n de hombres y mujeres, el trabajo infantil y la violaci\u00f3n sistem\u00e1tica de los derechos humanos en los sitios de extracci\u00f3n. Ir\u00f3nicamente, la percepci\u00f3n que se tiene es que nuestra propia humanidad ha decidido darle la espalda a esta situaci\u00f3n e ignorar el sufrimiento de muchos inocentes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Autora: MBA. Mar\u00eda de los \u00c1ngeles Chac\u00f3n Eduarte https:\/\/orcid.org\/0009-0005-6079-4214 Omari y Tarig son dos tiernos ni\u00f1os que habitaban un rinc\u00f3n de la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica del Congo en \u00c1frica Central. Un territorio de monta\u00f1as verdes, bosques tropicales, r\u00edos, lagos, y peque\u00f1as comunidades, donde tambi\u00e9n existen zonas transformadas por la agricultura, la miner\u00eda y los asentamientos humanos. 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