{"id":662,"date":"2026-08-28T09:59:35","date_gmt":"2026-08-28T15:59:35","guid":{"rendered":"https:\/\/atomic-temporary-245210161.wpcomstaging.com\/?p=662"},"modified":"2026-08-28T09:59:35","modified_gmt":"2026-08-28T15:59:35","slug":"la-bendicion-que-trajo-delfina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/?p=662","title":{"rendered":"La bendici\u00f3n que trajo Delfina"},"content":{"rendered":"\n<p>Por MBA. Mar\u00eda de los \u00c1ngeles Chac\u00f3n Eduarte. <a href=\"https:\/\/orcid.org\/0009-0005-6079-4214\">https:\/\/orcid.org\/0009-0005-6079-4214<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Hace mucho tiempo, en la provincia de Alajuela, en el corredor de un humilde rancho de madera, de apariencia desgastada, una mujer llamada Enriqueta sentaba a su peque\u00f1a Delfina a recibir la caricia de los rayos tibios del sol por las ma\u00f1anas. La calidez del ambiente cobijaba a la ni\u00f1a, ofreci\u00e9ndole un respiro en medio de las estrecheces que enfrentaba al lado de su madre. Enriqueta era su \u00fanico sost\u00e9n y quien le brindaba protecci\u00f3n y afecto.<\/p>\n\n\n\n<p>El rancho ten\u00eda una hermosa vista hacia el horizonte. Desde all\u00ed se pod\u00eda contemplar el ganado recorriendo los potreros de la inmensa hacienda, los vistosos \u00e1rboles frutales y a los peones entregados a la faena diaria de la tierra, bajo el inclemente sol o la fr\u00eda lluvia.<\/p>\n\n\n\n<p>La llegada de Delfina al mundo hab\u00eda sido, en s\u00ed misma, un verdadero milagro. Durante un embarazo complejo y lleno de quebrantos de salud, los m\u00e9dicos no auguraban un buen desenlace para la madre. Sin embargo, una noche de verano, la ni\u00f1a naci\u00f3, desafiando todo pron\u00f3stico y aferr\u00e1ndose con fuerza a la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella gestaci\u00f3n demand\u00f3 sacrificios inmensos. Para poder alimentarse, Enriqueta depend\u00eda de las mazorcas de ma\u00edz que lograba recolectar en la milpa de la hacienda de los Arriola. Para conseguirlas, deb\u00eda cruzar con mucha cautela el enmara\u00f1ado monte para evitar ser descubierta.<\/p>\n\n\n\n<p>Los peones de la propiedad, al notar la presencia de la mujer en su estado, prefer\u00edan mirar hacia otro lado y disimular. Actuaban con empat\u00eda y guardaban un silencio respetuoso, pues conoc\u00edan bien la injusticia que hab\u00eda detr\u00e1s de aquella situaci\u00f3n, ya que el due\u00f1o de la finca era el progenitor de la criatura. En el caser\u00edo donde viv\u00edan los peones con sus familias, todos comentaban que aquel sustento no era un favor, sino un derecho elemental para la madre y la criatura que se gestaba en su vientre.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os atr\u00e1s, cuando Enriqueta lleg\u00f3 a trabajar a la hacienda, se sinti\u00f3 sinceramente ilusionada por las promesas de don Jacinto Arriola. Incapaz de prever las intenciones de aquel hombre ventajoso, le entreg\u00f3 un afecto genuino, confiando en palabras que no ten\u00edan base ni sustento. Cuando ella le comunic\u00f3 que esperaba un hijo, \u00e9l reaccion\u00f3 despidi\u00e9ndola de inmediato en medio de acusaciones falsas, ocult\u00e1ndole la verdad a sus hermanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella misma tarde, tras el injusto desahucio, don Jacinto parti\u00f3 a toda prisa en su caballo, como quien lleva una carga de conciencia que desea aligerar. En el trayecto, el animal resbal\u00f3 en la calzada y el hacendado falleci\u00f3 al instante a causa del fuerte golpe que sufri\u00f3 en la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras la tragedia, sus tres hermanas solteras \u2014Remedios, Francisca y Juana Elvira Arriola\u2014 quedaron a cargo de la administraci\u00f3n total de la propiedad. Al conocer el estado de Enriqueta y saber que entre los peones y el personal de servicio se afirmaba que la paternidad era de su hermano ya fallecido, le permitieron instalarse en el antiguo rancho del capataz, ubicado en los linderos de la finca. As\u00ed intentaban brindarle algo de protecci\u00f3n, aunque fuera a rega\u00f1adientes y con desgano.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, Enriqueta camina a diario hasta la hacienda para conseguir alimento. All\u00ed, las hermanas del difunto, a\u00fan resentidas y aferradas a un orgullo vano, la reciben con reproches y palabras duras antes de entregarle algunos v\u00edveres. Adem\u00e1s, condicionan la ayuda a que realice alguna labor dom\u00e9stica, como lavar los trastos o tender la ropa al sol, a pesar de que cuentan con dos criadas a su servicio.&nbsp; De esta manera, someten a Enriqueta a una constante servidumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>Ajena al rencor del mundo, la peque\u00f1a Delfina aguarda en su silla de madera. Al ver a su madre regresar a lo lejos con la bolsa en sus manos, la ni\u00f1a de dos a\u00f1os grita con entusiasmo y celebra la llegada de las frutas dulces y verduras que tanto le gustan. Enriqueta evita llevarla consigo por temor a que las hermanas de Jacinto le hagan alg\u00fan da\u00f1o. &nbsp;Sin embargo, cuando aquellas mujeres alcanzan a ver a la ni\u00f1a en brazos de su madre, quedan cautivadas por su dulzura. En sus rostros se trasluce el deseo oculto de querer abrazarla, pues reconocen en ella los rasgos de su hermano ya fallecido.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, en el ocaso de la tarde, se vislumbra un destello de esperanza para Enriqueta y un futuro prometedor para Delfina como \u00fanica heredera de la Hacienda Arriola, al no existir ning\u00fan otro sucesor en la familia. De esta manera, la bendici\u00f3n llega por caminos inesperados para quien ha sido humillada y sometida a servir en medio de malos tratos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Reflexi\u00f3n de la autora:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Como dice aquel antiguo refr\u00e1n: \u201cNo hay mal que dure cien a\u00f1os, ni cuerpo que lo resista\u201d pues siempre va a existir alg\u00fan consuelo ante las dificultades, es cuesti\u00f3n de esperar y tener fe en Dios. Las situaciones dif\u00edciles tarde o temprano llegan a su fin.&nbsp; \u201cLos molinos de Dios muelen despacio pero muelen fino.\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace mucho tiempo, en la provincia de Alajuela, en el corredor de un humilde rancho de madera, de apariencia desgastada, una mujer llamada Enriqueta sentaba a su peque\u00f1a Delfina a recibir la caricia de los rayos tibios del sol por las ma\u00f1anas. 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Enriqueta era su \u00fanico sost\u00e9n y quien le brindaba protecci\u00f3n y afecto.<\/p>\n","protected":false},"author":0,"featured_media":665,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[17,41,42],"class_list":["post-662","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-huellas-talentosas","tag-cuento","tag-literatura-costarricense","tag-maria-de-los-angeles-chacon-duarte"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/662","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=662"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/662\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/index.php?rest_route=\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=662"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=662"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=662"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}