{"id":494,"date":"2026-05-22T11:22:55","date_gmt":"2026-05-22T17:22:55","guid":{"rendered":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/?p=494"},"modified":"2026-05-22T11:22:55","modified_gmt":"2026-05-22T17:22:55","slug":"mila-y-la-volanta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/?p=494","title":{"rendered":"Mila y la volanta"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Autora:<\/strong>&nbsp; MBA. Mar\u00eda de los \u00c1ngeles Chac\u00f3n Eduarte<\/p>\n\n\n\n<p><strong>C\u00f3digo ORCID<\/strong>:&nbsp;<a href=\"https:\/\/orcid.org\/0009-0005-6079-4214\">https:\/\/orcid.org\/0009-0005-6079-4214<\/a><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/foto.jpg?w=1024\" alt=\"\" class=\"wp-image-496\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Les voy a contar la historia de Emilia, a quien de cari\u00f1o le dec\u00edan Mila. Era una muchacha de veintitr\u00e9s a\u00f1os, de car\u00e1cter reservado. Cada ma\u00f1ana bajaba al r\u00edo a lavar la ropa, aprovechando las primeras horas, cuando a\u00fan era de madrugada. En aquellos tiempos, era costumbre lavar temprano para luego atender las faenas del campo.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de tender la ropa en las enredaderas y ramas frente al rancho, corr\u00eda a la cocina y, en el molino, con el saquillo repleto de granos, mol\u00eda el ma\u00edz y chorreaba el caf\u00e9. El olor se esparc\u00eda por todo el caser\u00edo. Cuando sus padres, Pedro y Clemencia despertaban, la mesa ya estaba servida con cuajada, tortillas y caf\u00e9 endulzado con dulce de ca\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Emilia tambi\u00e9n elaboraba el famoso jab\u00f3n de chancho, que vend\u00eda en todo el caser\u00edo los fines de semana. Se encargaba de las gallinas ponedoras, recog\u00eda los huevos y limpiaba los corrales. Como sus padres ya eran mayores, ayudaba incluso en la siembra, en la limpieza de granos y semillas, y hasta en el deshierbe de la huerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la tarde se ocupaba de los remiendos y bordados de vestidos, pantalones y camisas de manta y lienzo; despu\u00e9s buscaba le\u00f1a seca para el fog\u00f3n. Era callada, reservada y hacendosa. Todos en el caser\u00edo admiraban su fortaleza y humildad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro, su padre, era pe\u00f3n en la hacienda de Tito Vargas, hijo de do\u00f1a Virginia, la heredera del espa\u00f1ol don Bartolom\u00e9 Vargas de la Pe\u00f1a, antiguo due\u00f1o de la hacienda conocida como San Bartolom\u00e9 de los Cafetos. Don Bartolom\u00e9 fue un inmigrante andaluz que falleci\u00f3 algunos a\u00f1os atr\u00e1s y dej\u00f3 la propiedad a su hija Virginia, quien viv\u00eda all\u00ed con su hijo Tito, de treinta y ocho a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>La familia Vargas de la Pe\u00f1a siempre hab\u00eda sido muy conocida en la zona por su trato cordial y su buena posici\u00f3n econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p>Tito sol\u00eda pasar por el r\u00edo con la yunta de bueyes, camino al pueblo, para atender asuntos de la hacienda. En m\u00e1s de una ocasi\u00f3n se cruz\u00f3 con Emilia. \u00c9l la ve\u00eda ir y venir, siempre ocupada en sus labores.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, Tito se detuvo junto al riachuelo para dar de beber a los animales. Al pasar, Emilia tropez\u00f3, y \u00e9l se apresur\u00f3 para ayudarle a levantarse.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero si sos Emilia, la hija de Pedro\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Ella le sonri\u00f3 con timidez y amabilidad y, con un leve gesto, le dio a entender que pod\u00eda continuar su camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin saberlo ella, esa misma tarde Tito se presentar\u00eda en la estancia, por encargo de su madre, para hablar con don Pedro con toda la seriedad del caso. Deb\u00eda expresarle el deseo de do\u00f1a Virginia de que Emilia asistiera a clases con el cura y colaborara en la hacienda bajo su amparo, pues hab\u00eda notado en aquella muchacha callada, trabajadora y recatada, virtudes que no pasaban inadvertidas y eran dignas de admiraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Emilia, por su parte, aunque sinti\u00f3 una alegr\u00eda honda en el pecho, sigui\u00f3 en lo suyo, callada, como si no hubiera escuchado nada.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fue pasando el tiempo. Emilia estudiaba por la ma\u00f1ana y ayudaba a do\u00f1a Virginia en la hacienda por las tardes; por las noches colaboraba con su madre. Sin embargo, como la carga de trabajo se volvi\u00f3 pesada, Lupita la vecina empez\u00f3 a ayudarle m\u00e1s a Clemencia en ausencia de Mila.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Virginia, mujer seria, de buen juicio y ya entrada en a\u00f1os, con los meses fue tom\u00e1ndole un profundo cari\u00f1o y respeto a Emilia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues era una muchacha de conducta intachable y de buenas maneras, tal como la hab\u00edan criado Pedro y Clemencia. Mila ayudaba en los quehaceres de la hacienda junto a otras tres muchachas, a quienes Tito y su madre tambi\u00e9n les brindaban ayuda.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre todas, Emilia era quien m\u00e1s destacaba, tanto por su dedicaci\u00f3n como por su buen comportamiento: siempre sencilla y humilde.<\/p>\n\n\n\n<p>En la hacienda trabajaban otros j\u00f3venes, como Juancito y Timoteo, quienes tambi\u00e9n asist\u00edan a clases con el cura del pueblo. No todos, sin embargo, mostraban el mismo inter\u00e9s: muchos prefer\u00edan el trabajo recio del campo, bajo el sol de los ca\u00f1ales, cafetales y sembrad\u00edos, sin mayor inclinaci\u00f3n por las letras ni la aritm\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cabo de dos a\u00f1os de asistir a clases, Emilia ya dominaba las cuatro operaciones fundamentales: sumar, restar, dividir y multiplicar. Escrib\u00eda con letra clara y ordenada, y contaba con los conocimientos necesarios para llevar las cuentas de cualquier abarroter\u00eda. A ello se sumaban los oficios dom\u00e9sticos, que realizaba en la hacienda con gran esmero y dedicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por tal motivo, Tito y do\u00f1a Virginia le confiaban, por las noches, el manejo de las cuentas del comercio de la hacienda, donde pon\u00eda en pr\u00e1ctica todo lo aprendido. As\u00ed, adem\u00e1s de ganarse alg\u00fan reconocimiento adicional, pod\u00eda corresponder, en parte, a la ayuda recibida.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasado el tiempo, una de las hermanas religiosas que impart\u00edan clases en la casa cural se enferm\u00f3, por lo que debieron trasladarla a otra localidad con menos obligaciones. Ante la situaci\u00f3n, do\u00f1a Virginia habl\u00f3 con el cura, don Arnoldo Cascante, para que consideraran a Emilia como su reemplazo.<\/p>\n\n\n\n<p>La noticia llen\u00f3 de alegr\u00eda a sus padres. Tanto as\u00ed que don Pedro dispuso sacrificar una gallina criolla bien cebada para que Clemencia preparara su deliciosa gallina achiotada. Las mejores porciones fueron destinadas para do\u00f1a Virginia y Tito.<\/p>\n\n\n\n<p>La misma Mencha, como le dec\u00eda don Pedro a Clemencia, fue a llevarles la cazuela con profundo agradecimiento, casi con los ojos nublados por todo el bien que le hab\u00edan hecho a Emilia.<\/p>\n\n\n\n<p>En el ambiente todo era alegr\u00eda y felicidad, hasta que una ma\u00f1ana de diciembre Emilia tom\u00f3 su bolsa de manta y sali\u00f3 muy temprano a hacer unas compras que le hab\u00eda encargado do\u00f1a Virginia en el almac\u00e9n de Chepito Flores. Ese d\u00eda llegaba el tren de carga con jab\u00f3n, velas, l\u00e1mpara de aceite, telas y otras mercader\u00edas. Emilia quer\u00eda evitar las largas filas y conseguir todo a tiempo, por lo que llev\u00f3 a Timoteo como acompa\u00f1ante, para que la ayudara con lo m\u00e1s pesado.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque en la hacienda se produc\u00eda y comerciaba casi todo lo necesario, hab\u00eda cosas que solo pod\u00edan conseguirse en el almac\u00e9n: jab\u00f3n de tocador, con delicados aromas de violetas y jazm\u00edn para do\u00f1a Virginia; la colonia para despu\u00e9s del afeitado de don Tito y la Glostora; as\u00ed como unas hermosas peinetas de carey color \u00e1mbar, finamente adornadas, para el cabello casta\u00f1o de do\u00f1a Virginia, quien siempre luc\u00eda pulcra y elegante.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n deb\u00eda comprar telas para las enaguas, encaje blanco y lienzos de distintos colores, pues ella misma se confeccionaba la ropa. Emilia cuidaba cada detalle con esmero. En esta ocasi\u00f3n, adem\u00e1s, deb\u00eda traer dos ollas grandes de metal<strong>,<\/strong> algunos ung\u00fcentos medicinales, vino tinto y co\u00f1ac.<\/p>\n\n\n\n<p>Al acercarse al almac\u00e9n de Chepito Flores, Emilia not\u00f3 el alboroto y la algarab\u00eda de una boda. Hab\u00eda tanta gente y tanto movimiento que, sin darse cuenta, qued\u00f3 detenida en medio del camino, sorprendida y sin saber c\u00f3mo reaccionar, mientras los dem\u00e1s se apartaban hacia la orilla.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, la multitud comenz\u00f3 a hacerle se\u00f1as y a gritarle:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Emilia, qu\u00edtese, que viene la volanta!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Emilia, c\u00f3rrase!<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ella, en medio del bullicio, no alcanz\u00f3 a escuchar. Todo ocurri\u00f3 en un instante. Lo \u00faltimo que vio fue a Timoteo lanz\u00e1ndose hacia ella, intentando apartarla, mientras otros corr\u00edan en su auxilio.<\/p>\n\n\n\n<p>Emilia fue atendida por don Eusebio, el boticario, y llevada de regreso a su humilde rancho, con severos golpes y raspones.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de varios meses de convalecencia, su pie derecho qued\u00f3 con secuelas: no pod\u00eda apoyarlo bien y caminaba con dificultad. Ya no pod\u00eda ayudar como antes en las faenas que requer\u00edan esfuerzo f\u00edsico. Con tristeza, permanec\u00eda en silencio, como siempre, de manera reservada.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante las noches, cuando el caser\u00edo quedaba en penumbra y solo se o\u00eda el canto lejano de los grillos, Emilia permanec\u00eda despierta. No se quejaba, pero recordaba el instante del camino, el bullicio, las voces que no alcanz\u00f3 a escuchar\u2026 y el accidente que marc\u00f3 su vida. No lograba conciliar el sue\u00f1o: pensaba en su madre, en el esfuerzo de su padre, en la mano generosa de do\u00f1a Virginia\u2026 y en todo lo que sent\u00eda que hab\u00eda quedado inconcluso.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tarde, cuando ya pudo sentarse junto a la puerta del rancho, vio pasar a unas muchachas del pueblo que iban sonriendo por la calle polvorienta. Emilia las sigui\u00f3 con la mirada, en silencio. Fue entonces cuando comprendi\u00f3 que deb\u00eda retomar el oficio de la ense\u00f1anza en la casa cural.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edas despu\u00e9s, cuando el cura Arnoldo Cascante lleg\u00f3 al rancho, Emilia reuni\u00f3 el valor para hablarle:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Padre\u2026 si Dios me lo permite, quiero preparar a los ni\u00f1os y j\u00f3venes de este pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdote la mir\u00f3 con atenci\u00f3n y ternura. \u2014principalmente a las mujeres \u2014a\u00f1adi\u00f3 ella\u2014 Quiero ense\u00f1arles a leer y a escribir.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Arnoldo asinti\u00f3 con la cabeza despacio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Emilia, tienes toda la capacidad, paciencia y buena voluntad \u2014le dijo\u2014. Les har\u00edas mucho bien, porque ense\u00f1ar tambi\u00e9n es servir, y en eso siempre te has destacado.<\/p>\n\n\n\n<p>Afuera, el sol ca\u00eda sobre los cafetales. El cura le dio la bendici\u00f3n y le indic\u00f3 que, apenas estuviera restablecida, se presentara con las otras dos hermanas en la casa cural.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Emilia pudo caminar con mayor firmeza, comenz\u00f3 a ense\u00f1ar. Llegaban ni\u00f1os de todo el vecindario, con los pies descalzos y curtidos por la tierra; muchos apenas sab\u00edan expresarse con claridad.&nbsp; La tarea no fue sencilla.<\/p>\n\n\n\n<p>La ignorancia, por aquellos tiempos, estaba muy extendida, y no fueron pocos los que perdieron tierras, animales o bienes en manos de hombres letrados que, amparados en su ventaja, viv\u00edan de enga\u00f1ar a los m\u00e1s humildes.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, Emilia comprendi\u00f3 que educar era una misi\u00f3n importante que Dios le hab\u00eda confiado, y se dedic\u00f3 con esmero a ense\u00f1ar a ni\u00f1os y j\u00f3venes a leer, escribir y contar.<\/p>\n\n\n\n<p>Con los d\u00edas, do\u00f1a Virginia le cedi\u00f3 a Emilia una salita en la hacienda para que preparara a las muchachas tambi\u00e9n en algunas labores dom\u00e9sticas. Las j\u00f3venes, los mi\u00e9rcoles despu\u00e9s de sus clases en la casa cural, acud\u00edan por las tardes a la hacienda. Entre ellas estaba Lupita, la muchacha que ayudaba a los padres de Mila en los quehaceres. Era mulata, de manos fuertes y sonrisa contagiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer d\u00eda, en la clase de cocina, Lupita dej\u00f3 quemar el arroz de tal manera que el humo sali\u00f3 hasta el corredor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Jes\u00fas, Mar\u00eda y Jos\u00e9! \u2014exclam\u00f3 do\u00f1a Virginia.<\/p>\n\n\n\n<p>Lupita solt\u00f3 la risa de inmediato:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Do\u00f1a Virginia, creo que sirvo m\u00e1s para orde\u00f1ar y arrear ganado.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la aguja tampoco ten\u00eda buen pulso. Sus costuras sal\u00edan torcidas y desiguales.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esto no es lo m\u00edo \u2014dec\u00eda casi llorando.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue entonces cuando do\u00f1a Virginia se integr\u00f3 de lleno en la ense\u00f1anza de las m\u00e1s j\u00f3venes en los quehaceres dom\u00e9sticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con toda la experiencia que hab\u00eda adquirido, comenz\u00f3 a instruir en el oficio del bordado y en la preparaci\u00f3n de remedios caseros, convencida de que la ense\u00f1anza tambi\u00e9n deb\u00eda servir para la vida y el cuidado del hogar.<br>\u2014No basta con leer \u2014dec\u00eda\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun as\u00ed, hasta Lupita lleg\u00f3 a desenvolverse con gran maestr\u00eda en las labores dom\u00e9sticas bajo la gu\u00eda de do\u00f1a Virginia, y aprendi\u00f3 a escribir y leer de corrido con Mila.<\/p>\n\n\n\n<p>Viendo el crecimiento de aquella obra, do\u00f1a Virginia habilit\u00f3 un sal\u00f3n m\u00e1s grande en la hacienda y encarg\u00f3 a Pepe, uno de sus peones, la construcci\u00f3n de varios esca\u00f1os de madera. Con el tiempo, incluso los hombres mayores asist\u00edan a clases con Emilia cuando el trabajo del campo lo permit\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero fueron las mujeres y los ni\u00f1os quienes encontraron all\u00ed un verdadero espacio para aprender. As\u00ed naci\u00f3 una obra que comenz\u00f3 a transformar la historia: mujeres que antes no ten\u00edan acceso al estudio aprendieron y se fortalecieron, cambiando de manera profunda las costumbres y formas de pensar en el pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el tiempo, la fama de Emilia y de do\u00f1a Virginia se extendi\u00f3 a otros lugares. Un d\u00eda llegaron emisarios y personas de gran prestigio en busca de Emilia, pues deseaban llevarla a otra regi\u00f3n donde pudiera compartir sus ense\u00f1anzas con m\u00e1s personas. Hab\u00edan o\u00eddo hablar de la paciencia con que ense\u00f1aba, de la bondad con que trataba a los muchachos y de c\u00f3mo procuraba que hasta los m\u00e1s t\u00edmidos lograran instruirse y salir adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Virginia guard\u00f3 silencio. Sab\u00eda que perder\u00eda a su mano derecha, a Mila, a quien hab\u00eda llegado a querer como a una hija.<br>Sin embargo, comprendi\u00f3 que Emilia estaba destinada a ser luz y gu\u00eda para otros, y que su misi\u00f3n no deb\u00eda detenerse.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de partir, Mila dej\u00f3 a Lupita al cuidado de do\u00f1a Virginia, mientras que se llev\u00f3 consigo a sus padres Pedro y Clemencia, quienes ya eran adultos mayores y necesitaban de su respaldo m\u00e1s que nunca.<\/p>\n\n\n\n<p>El pueblo llor\u00f3 la ausencia de Emilia, pero su trabajo no se detuvo. La semilla que dej\u00f3 sigui\u00f3 creciendo: varias mujeres continuaron ense\u00f1ando en el sal\u00f3n de do\u00f1a Virginia, y la educaci\u00f3n se volvi\u00f3 una parte importante de la vida cotidiana del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los a\u00f1os pasaron. Mila nunca se cas\u00f3. Su vida fue la ense\u00f1anza; su vocaci\u00f3n era formar ni\u00f1os y j\u00f3venes. Tito, cada vez que viajaba, la visitaba. Le llevaba encargos de do\u00f1a Virginia, quien nunca dej\u00f3 de verla como una hija. Y en el pueblo, nunca la olvidaron.<\/p>\n\n\n\n<p>Emilia caminaba con dificultad desde aquel accidente con la volanta, pero nunca permiti\u00f3 que aquello marcara su destino. Sigui\u00f3 adelante, firme, haciendo lo que m\u00e1s amaba: ense\u00f1ar. Con el tiempo, fueron muchos los que aprendieron a leer, a escribir y a contar con Emilia.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, su vida no se midi\u00f3 por las dificultades que enfrent\u00f3, sino por el bien que hizo a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Reflexi\u00f3n de la autora:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Este relato rinde honor a la ense\u00f1anza y a todas aquellas personas que, a lo largo de la historia, lucharon para que la educaci\u00f3n llegara a todos los estratos sociales. La salud y la educaci\u00f3n deben ser siempre los pilares m\u00e1s importantes dentro de cada sociedad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Autora:&nbsp; MBA. Mar\u00eda de los \u00c1ngeles Chac\u00f3n Eduarte C\u00f3digo ORCID:&nbsp;https:\/\/orcid.org\/0009-0005-6079-4214 Les voy a contar la historia de Emilia, a quien de cari\u00f1o le dec\u00edan Mila. Era una muchacha de veintitr\u00e9s a\u00f1os, de car\u00e1cter reservado. 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