{"id":269,"date":"2026-02-26T11:26:41","date_gmt":"2026-02-26T17:26:41","guid":{"rendered":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/?p=269"},"modified":"2026-02-26T11:26:41","modified_gmt":"2026-02-26T17:26:41","slug":"agustina-la-rezadora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/?p=269","title":{"rendered":"Agustina la rezadora"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Autora:<\/strong>&nbsp; Mar\u00eda Chac\u00f3n Eduarte.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfQui\u00e9n fue Agustina?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Muchos te recordar\u00e1n como la rezadora de fe inquebrantable: mujer de rezos largos, de corridos cantados a pulm\u00f3n abierto y de verdades descalzas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la historia de una mujer sencilla, olvidada por muchos, pero jam\u00e1s borrada de la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Como un endeble y difuso rastro de la mujer recia y maciza que fue alguna vez, alej\u00e1ndose por el camino a paso lento y vacilante, vencida por el cansancio, avanzaba do\u00f1a Agustina; con los pies resentidos por el peso de los a\u00f1os y el trabajo duro sostenido durante toda su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Sol\u00eda vestir con estricta pulcritud.&nbsp; Su espalda dibujaba una pronunciada curvatura que marcaba su silueta y, a su paso, dejaba un tenue aroma a agua de rosas, proveniente del botecillo que hab\u00eda comprado a\u00f1os atr\u00e1s y que a\u00fan conservaba con gran recelo, a pesar de las limitaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Los domingos sal\u00eda de visita a casa de su hermana y, de vez en cuando, era contratada como rezadora. Su rezo era de anta\u00f1o, a todo pulm\u00f3n, colmado de cantos, ruegos incansables y responsos; tan prolongado que terminaba por vencer el cansancio de m\u00e1s de un devoto. Nunca cobr\u00f3, lo hac\u00eda por m\u00e9rito propio y dejaba a conciencia el reconocimiento que quisieran ofrecerle en se\u00f1al de pago.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante los rezos del rosario nunca faltaba el bizcocho casero, el caf\u00e9 chorreado, el tamal de elote y alg\u00fan picadillo de papa o arracache, que se compart\u00edan al final entre murmullos y agradecimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Agustina tambi\u00e9n se hab\u00eda dedicado a hacer corridos, como remembranza de sus tiempos mozos, subida en tarimas proselitistas durante campa\u00f1as electorales, all\u00e1 por el a\u00f1o de 1953. As\u00ed fue como se convirti\u00f3 en una destacada declamadora, acostumbrada a recitar extensos corridos y poes\u00edas de su propia autor\u00eda, con gran facilidad y agrado para quienes la escuchaban.<\/p>\n\n\n\n<p>Era una mujer de esp\u00edritu alborozado, alegre y optimista, independientemente de las adversidades que estuviera atravesando. En sus momentos de soledad escuchaba canciones de Javier Sol\u00eds, Bienvenido Granda y otros famosos de su tiempo; y los domingos, en el baile de La Polilla, en el Parque Central de Alajuela, era siempre la primera en salir a la pista, como una bailadora incansable, aun con todo y sus achaques.<\/p>\n\n\n\n<p>Vivi\u00f3 sola en su casita, en alg\u00fan barrio de Alajuela; sostenida apenas con lo indispensable. As\u00ed vivi\u00f3 Agustina, ayudando, aunque pareciera imposible, a quien pudo, aun cuando se sacara el propio bocado de la boca, sin m\u00e1s sustento que la caridad, la divina providencia y una pensi\u00f3n del R\u00e9gimen No Contributivo, que se le esfumaba a medio mes.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda criado tres hijas naturales. Todas crecieron, se marcharon y formaron un hogar, enfrentando los mismos apuros econ\u00f3micos de tantos matrimonios envueltos en las fatigas de la crianza y esa rutina diaria que apenas les permit\u00eda ofrecerle ayuda o compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fue como pas\u00f3 Agustina los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, en una casa sencilla, escuchando m\u00fasica ranchera en compa\u00f1\u00eda de su lora, que llenaba el silencio con su voz.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u201c<em>Agus dame amor\u201d<\/em> repet\u00eda la lora,<em> \u201cAgustina, Agustina\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Fue su \u00fanica compa\u00f1\u00eda, pues muchas de sus amistades y familiares hab\u00edan fallecido, y otros se fueron distanciando con el tiempo. La lengua de Agustina era muy franca y no a todos les agradaba que les se\u00f1alaran las faltas de frente. Dec\u00eda la verdad sin tapujos, aun cuando incomodara, y en ocasiones la aderezaba con exageraciones nacidas de su imaginaci\u00f3n, como quien agrega rabo y cola a una historia, m\u00e1s por el gusto de contarla que por la intenci\u00f3n de herir.<\/p>\n\n\n\n<p>De cuando en cuando recib\u00eda alguna visita, a la que atend\u00eda con esmero, ofreci\u00e9ndole un pedazo de pan casero ya entrado en d\u00edas, que sacaba de la estufa sin reparar en su estado. En sus ratos de ocio se la pasaba escuchando canciones rancheras o viendo alg\u00fan programa nacional en un televisor antiguo, ubicado en la esquina de la peque\u00f1a sala. Al caer la noche, se le escuchaba en ferviente oraci\u00f3n, prolongada durante horas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hac\u00eda tiempo que demandaba cari\u00f1o, aceptaci\u00f3n y buen trato, con la esperanza de ser asistida en la vejez. Con los a\u00f1os, su visi\u00f3n se fue volviendo m\u00e1s borrosa y sus manos m\u00e1s lentas, marcadas por los dolores persistentes en los hombros y las articulaciones.&nbsp; Aun as\u00ed, lo que encontraba era indiferencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche en que la soledad le pesaba m\u00e1s de lo habitual, decidi\u00f3 visitar a una de sus hijas,&nbsp; con la esperanza de que la invitara a pasar, le ofreciera un caf\u00e9 caliente y algunas palabras de afecto. La visita, sin embargo, deriv\u00f3 en una discusi\u00f3n, cargada de reproches antiguos. La alteraci\u00f3n fue tal que su hija sufri\u00f3 una descompensaci\u00f3n que oblig\u00f3 a pedir ayuda de urgencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Minutos despu\u00e9s se escucharon sirenas de patrullas que acudieron al lugar, en medio de la confusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto Agustina escuch\u00f3 las sirenas, se alej\u00f3 con premura entre las sombras del vecindario, mientras los ladridos y aullidos de los perros se alzaban en medio del ruido. Agustina termin\u00f3 cayendo rendida rodeada por los oficiales, y as\u00ed concluy\u00f3 el escape.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues no hab\u00eda tal persecuci\u00f3n, fue solo un malentendido. Tras escucharla con atenci\u00f3n, los guardias la dejaron en libertad, obsequi\u00e1ndole un pu\u00f1ado de monedas y billetes que reunieron, luego de o\u00edr tambi\u00e9n algunos ingeniosos corridos y versos que Agustina recit\u00f3 con gran soltura y desenvolvimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed regres\u00f3 a su humilde casa, agotada pero contenta, con lo suficiente para un caf\u00e9 caliente y unos bollos de pan casero, satisfecha por los corridos que recit\u00f3 con tanta gracia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1<em>C\u00f3mo cuesta con los hijos, una vez criados\u2026 hijos criados, trabajos redoblados!,<\/em> murmuraba Agustina, sentada en su cocina, envuelta en la penumbra de la noche, y sonriendo al escuchar de nuevo la voz de su innegable amiga, la lora, repitiendo: <em>\u00a1Agustina, dame amor!, \u00a1Agustina, dame amor!<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/uncafeconarje.utn.ac.cr\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/imagen-1.png?w=683\" alt=\"\" class=\"wp-image-271\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Autora:&nbsp; Mar\u00eda Chac\u00f3n Eduarte. \u00bfQui\u00e9n fue Agustina? 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